Hay cosas que a uno le gustaría haber escrito. Lástima que alguien haya tenido la idea de adelantársenos. Haciendo memoria me vino a la cabeza un texto corto que en su momento alguna profesora de literatura nos hizo leer. Me parece simplemente magistral:

“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza.

El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.”

J. Cortázar

Me acuerdo que la primera vez que leí el texto me picó tanto la curiosidad por Cortázar que busqué y me leí todo lo que tenía a mano.

Lo mismo me pasó con Gabo y “100 Años de Soledad”