Definitivamente me hice adicto a las Criollitas Lacteadas®. No puedo pensar en otra cosa para comer durante mis horas de trabajo y, sinceramente, son una muy buena compañía para el mate (en cualquiera de sus variantes) Y es que mi paladar no había encontrado hasta ahora nada que se acercara tanto a sus pretensiones. En realidad soy bastante adicto al producto original y a todos sus derivados. Y esta es como una versión empaquetada, compacta y mucho más portable. El gusto es exquisito y muy suave, sutil, algo saladito. No sé si es idea mía pero en realidad creo que puedo sentir claramente el gusto a leche cada vez que me llevo un bocado. Son tiernas, se deshacen lentamente.

El promedio aproximado de consumo es de un (1) paquete por día. Lo abro a media mañana y me dura hasta muy entrada la tarde. Lo voy comiendo de a poco, muy despacio, paladeando cada bocado.
Las consigo en promo en packs de a dos (2) por un buen precio, cosa que me alivia bastante el presupuesto y me ahorra idas y venidas para tener que comprarlas.

El único inconveniente que le encuentro al producto es que no viene con la famosa bandita o “tirita roja” para abrirlo. Esa que, tirando, desprende suvemente el extremo superior del paquete de celofán para que quede al descubierto el contenido neto encerrado en su interior. Así que hay que arreglárselas tironeando un poco las juntas del paquete con los dedos, tratando de no ser demasiado bruscos (ante la ansiedad del consumo) como para que al abrirse el paquete no salgan desparramadas todas las galletitas. Si cuidaran este mínimo detalle el producto sería per-fec-to. Como consumidor compulsivo creo que tengo derecho a llamar a Atención al Cliente y hacerles la sugerencia de incorporarlo.