Hacía como dos semanas que lo venía molestando a un amigo que trabaja en la Rock & Pop Rosario para que me consiguiera un par de entradas para el recital de Gustavo Cerati en el anfiteatro. El siempre suele conseguir entradas gratis para casi todos los recitales que se hacen por acá. Esta era la primera vez que le pedía un favor así. Pero parecía casi imposible: en la radio quedaban muy pocas y las que tenían era para regalarlas en los concursos de los programas. Así que, finalmente me decidí por comprarlas. Pero como veía que aumentaban día a día (llegaron a los $ 30.- en la entrada del anfiteatro la noche del recital) fui desistiendo poco a poco.
La idea era que esas entradas fueran el regalo de Navidad para mi esposa, que es fanática de Soda y de Cerati. Pero ante la inversión que tenía que hacer lo consulté con ella para ver qué le parecía, sacrificando el factor sorpresa. Como ella está en los últimos meses de embarazo pensé que se le iba a hacer pesado quedarse en el recital y que, a lo mejor, hasta no podía quedarse hasta el final si empezaba a sentirse mal. Los dos estuvimos de acuerdo en que gastar esa plata para ir a un espectáculo al que no estábamos seguros de poder quedarnos hasta el final, era un desperdicio.
La noche del sábado pasado (día del ansiado recital) yo estaba en casa esperando que ella me llamara desde la casa de sus padres para ir a cenar. Estamos cerca, a un par de casas de distancia. A las 9:25 P.M. sonó el teléfono. Pensé que era ella, pero resulta que no. En su lugar, una “misteriosa” voz masculina me inquirió: – “Qué tenés que hacer esta noche…” Debo confesar que al principio me sentí un poco perdido. Dubitativamente, pregunté: “!¿Cómo?!” A lo cual la voz volvió a reiterar la pregunta original. En ese momento tuve algo así como un chispazo y se me aclaró un poco el panorama. A pesar de que no reconocí la voz en un principio, no hizo falta que hablara mucho más para darme cuenta de quien era. Mi amigo había llegado hacía 10 minutos desde Buenos Aires con varias entradas promocionales para el recital, dos de las cuales eran para nosotros.
Costó un montón conseguir un taxi para llegar lo más rápido posible a la casa del interlocutor misterioso para después, junto con él y su esposa y con las entradas en la mano, saliéramos a toda velocidad para el anfiteatro municipal. A pesar del esfuerzo por romper la barrera del sonido, llegamos 10 minutos pasadas las 22:00 Hs., que era el horario de inicio del espectáculo. Íbamos especulando con eso de que “nadie empieza a tiempo estas cosas”, “todo el mundo se atrasa por lo menos media hora” y cosas por el estilo. La cuestión es que justo esta vez, Gustavo fue puntual.
Apenas llegamos nos acomodamos en la parte superior del anfiteatro, los dos bloques de abajo estaban llenos. Hubiéramos encontrado lugar si hacíamos un esfuerzo, pero desde arriba se veía bárbaro y estábamos más cómodos. Suponíamos que abajo, cuando los temas empezaran a ganar fuerza, la gente se iba a parar e iban a empezar a los saltos. Está bien que Cerati es tranqui y no da para el pogo, pero a la gente le gusta saltar de todas maneras. Cuando llegamos ya iba por el tercer tema, muy pero muy tranqui. Al día siguiente me enteré que abrió el show con “Tu locura”, que era uno de los temas que queríamos escuchar y nos perdimos por remolones. Otro de los que yo buscaba y no sonó fue “Te llevo para que me lleves”, un tema de Amor Amarillo que en su época me gustaba mucho.
La verdad es que no soy lo que se diría un fanático de Cerati, pero me ghusta mucho lo que hace y lo respeto. Considero que el cambio que hizo de Soda hasta acá es algo sideral. Y a pesar de que ahora es un pibe electrónico, todavía conserva algunas neuronas rockeras en su corteza cerebral que le tiran a hacer una mixtura única e interesante. Un acople prácticamente irreconocible al final de un tema, totalmente deformado y deformado hasta sus armónicos más básicos por los aparatejos electrónicos y los pedales de distorsión. Tampoco puedo decir que sea un fanático de Soda, conozco lo básico solamente. Pero sí debo confesar que empecé a descubrir a Cerati cuando se abrió como solista con esta propuesta totalmente diferente.
La puesta de este recital estuvo muy buena. Sobria dentro de todo y comparada con otras cosas, pero muy profesional. Fue súper prolija, salvo por el acople que se le metió al principio del último tema y que el tipo supo pilotear con mucha finta. Cambió de guitarra como 6 o 7 veces durante las casi 2 horas que estuvo tocando sobre el escenario. Le gusta sacarle el sonido característico a cada una de las violas que usa.
Dos cosas que me parecieron excelentes: los temas que tocó no se contaban entre los difusión de sus discos y las versiones que hizo de casi todos ellos, inclusive de los clásicos de Soda, eran arreglos súper cambiados y cuidados. Algunos costaba reconocerlos de arranque, pero supongo que es un poco por ignorancia personal. La segunda cosa que me pareció buenísima fue la pantalla gigante y el sistema de sincro que tenía con lo que la banda tocaba. Supongo que debe haber habido algún sistema de sincronización digital con lo que la consola escupía de lo que la banda interpretaba, porque de otra manera no hubiera quedado tan parejo. Uno de los temas (del cual desconozco el título) estuvo acompañado todo el tiempo por un videoclip de la banda, vestida exactamente igual a como estaban en ese momento en vivo pero grabado en un estudio, tocando el mismo tema. El sincro era perfecto, se notaba en la bata y en la voz de Cerati, junto con los años que ya le pesan un poco. Bueno, no tanto si tenemos en cuenta los saltos que daba sobre el escenario.
La parte de atrás en donde nosotros estábamos era la del grupo de los 30 y pico, mucho más tranquila que las capas inferiores en donde se agitaba toda la masa. Muchos habían ido con sus hijos, en familia. El clima, tanto en lo que respecta a la gente como a la noche que nos tocó, estaba bárbaro. La gente relajada. Era casi enternecedor ver a muchos de los chicos, que se habían llevado papel y lápices de colores para no aburrirse, interrumpir sus garabatos para bailar algunos temas. La noche era súper fresca al lado del Paraná y el cielo despejadísimo dejaba ver las pocas estrellas que le podían ganar a los reflectores, mientras por detrás del escenario pasaban los mástiles de barcos anónimos y silenciosos.
No vimos ninguna estrella fugaz. No era necesario.
Update: El tema que tocaron mientras se veía el video en sincro de la banda en la pantalla gigante es “No te creo”
4 comentarios
Leo
25 de diciembre de 2004 a las 9:13 pm
Seba, tu opinión es la misma de Lore y que siempre discutimos al respecto. Yo pienso que lo que Cerati hace ahora, es la evolución natural que hubiese tenido Soda Stereo si hubiese continuado. Era una cuestión de tiempo. No creo que haya tenido un quiebre total como si lo tuvo por ejemplo Johnny Rotten de Sex Pistols a PIL o Mick Jones de The Clash a BAD o Sting de The Police con su versión solista.
Caralimón
30 de diciembre de 2004 a las 11:49 am
Lo último que pude escuchar de Soda ya tenía un aire a algunos de los temas de Cerati que no son tan electrónicos. Sobre todo algunos temas de Sueño Stereo, como “Ella usó mi cabeza” y “Zoom”.
Lo que sí se ve claramente es que Cerati era el alma de la banda, toda la música viene de ahí. El tipo tiene una buena musa y puede ir por diferentes caminos tranquilamente. En cuanto a la diferencia, para mi es bastante marcada. No sé si llamarlo quiebre total por el tema del arrastre de elementos que trae de Soda. Pero sí es algo muy diferente, por lo menos en cuanto al concepto musical que hay detrás. Probablemente Soda haya sido una limitación para el pibe y por eso lo haya dejado. Quería ir por otros lugares en los que la banda no entraba.
Leo
31 de diciembre de 2004 a las 10:04 pm
Es cierto, en Soda encontraba una limitación y se llamaba Charly Alberti
Caralimon
3 de enero de 2005 a las 10:20 am
Cerati en Soda Stereo era de 2 canales. Ahora suena 5.1
Expresate, dale!
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