Hoy me tocó ir a donar sangre. La abuela de una amiga está internada y necesitaban algunos dadores. Como soy grupo y factor universal casi siempre quedo bien con todo el mundo. Después de casi 4 horas de espera (que en realidad no hice porque llegué temprano saqué el turno y, aprovechando que mi trabajo quedaba cerca del sanatorio, me fui y volví cerca del horario que le calculaba me iba a tocar a mi.
Me impresionó que a pesar de llegar temprano ya hubiera tanta gente esperando para donar. Yo tenía el turno número 36 y recién iban atendiendo al 5º, así que calculándole un promedio de 10 minutos por extracción la espera iba a ser realmente larga si me quedaba en el sanatorio. Por suerte salió todo bien y, después de irme para el trabajo, llegué con un par de números de ventaja a mi turno. La doctora que me atendió me comentaba que justo ese día había sido una locura, porque se les habían juntado tres pacientes cardíacos, cada uno de los cuáles necesitaba como 12 donantes. Por eso se les habían acumulado más de 50 cuando lo normal es que no pasen de 25 por día. ¡Casi el doble, pobre gente!
Esta vez, después de la extracción, no me levanté tan mareado como me había pasado otras veces que fui a donar. Y eso que había mantenido el ayuno hasta las 13:00 hs., a pesar de que me habían dicho que podía tomar todo el líquido que quisiera mientras no tuviera leche ni azúcar.
Cuando volví al trabajo, cerca de las 13:20 Hs., tuve la suerte de cruzarme por el camino con uno de los chicos del bar. Me miró con cara un poco extraña cuando le pedí un buen café con leche y 3 medias lunas. Le expliqué un poco la historia y a los 10 minutos estaba de nuevo sentado en mi escritorio tomándome un desayuno bien cargadito después del mediodía.
Expresate, dale!