Al final no me pude aguantar. Bueno, en realidad ninguno de los dos pudimos y terminamos por enterarnos del sexo del bebé. Habíamos decidido que si yo no quería saberlo entonces ninguno de los dos tenía que enterarse. De esa manera hubiera sido una sorpresa para todos hasta el momento del parto. Pero nos pareció demasiado. Además uno es débil y curioso (demasiado!) con este tipo de cosas y siempre termina dando el brazo a torcer.

La ecografía salió espectacular y el bebé no paró de moverse en ningún momento. Así que dio un buen espectáculo que quedó grabado en VHS para la posteridad. Me imagino cómo nos sentiríamos dentro de 20 o 30 años, si la cinta y nosotros llegamos a vivir para entonces, mirando esas imágenes.

Ah… en contra de todos los pronósticos, ¡es varoncito nomás!