Anteayer, cómo es de costumbre durante los calurosos veranos que vivimos por estos pagos, se cortó la luz. Habrá sido a eso de las 20:30 hs. cuando nos quedamos a oscuras, tanteando para tratar de encontrar el encendedor y rescatando los restos de las velas que habían sobrado del último corte del año pasado. Es normal que para esta altura del año se produzcan cortes de energía en diferentes zonas de la ciudad, aparentemente, en forma aleatoria. Me imagino que alguien debe estar frente a un gran panel con palancas e interruptores haciendo “ta-te-ti” para decidir cuál accionar y, así, dejar sin luz a todo un sector. O a lo mejor las zonas van rotando de forma programática de acuerdo a una siniestra y macabra planificación que determina quienes podrán dormir y quienes no.

Ayer el cuadro se repitió, pero esta vez sin intermitencias. El corte fue continuo desde las 20 hs. aproximadamente hasta la madrugada. Por suerte esta vez, prevenido por el corte de la noche anterior, nos tomó un poco mejor preparados. Esa misma tarde nos habíamos provisto de velas suficientes y repelente para mosquitos para afrontar este tipo de situaciones.

El argumento para estos cortes es que el presupuesto nunca alcanza y que se debería aumentar el costo del servicio para poder cubrir las necesidades de toda la ciudad. Lo cierto es que todo va en aumento, incluso la luz, y los cortes siguen siendo una constante de cada verano.