El impulso de tuitear surge de una necesidad intrínseca de todo geek/friki dospuntocero superado por su propia grositud interior que tiende a expandirse exponencialmente y necesita una válvula de escape efectiva. Este desbordamiento colma toda la esencia del ser tuitero y necesita ser difundido en comprimidos de 140 caracteres. El desliz aparentemente circunstancial de palabros medio techies es una clara manifestación de la expansión inconmensurable de toda esta grositud que busca canalizarse hacia oídos ávidos de nuevos ídolos virtuales. Lo impetuoso de toda esta manifestación muchas veces escapa a los límites establecidos, generando tuiters compulsivos y seriales.

Hay estilos muy claros e identificables. Por ejemplo:

  • “La conectividad wifi del N95 en el aeropuerto de Amberes es pura caca” (@earcos style)
  • “Encontré un sitio genial sobre origami estilo zen, una pena que la hoja de estilos no valide” (@minid style)
  • “Váyanse todos a cagar” (@korochi style)
  • “Sarlanga 2.0 -> nueva comunidad de ex-combatientes de Camboya en SL” (@dotpod style)
  • “Paupérrimo y Desauciada debaten sobre quién tiene el clic más rápido del ala oeste” (@eloficinista style)

Entre muchos, muchos otros.

¡Va con onda! (en serio)