La Torre de Londinium

Crónicas de un pochoclo alienado

Mudanza

Después de varias semanas (fines de semana en realidad, según lo fue permitiendo el trabajo) de refacciones generales en lo que va a ser la próxima pieza de mis hijos, ya está todo listo para la gran mudanza gran a la nueva casa.

En realidad, la movida no es tan grande después de todo porque la casa ya está completamente equipada. Lo que nos llevamos son algunas cosas nuestras que queremos conservar, algunas otras sin las que no podemos vivir, otras a las que ya estamos demasiado acostumbrados… en fin, uno siempre busca excusas para no terminar de desprenderse del todo. Supongo que aprovecharemos para hacer limpieza de pertenencias en general y llevar sólo lo estrictamente necesario.

Ya estamos bastante impacientes con el asunto de la mudanza. Como se demoró más de lo esperado por los arreglos en la habitación de los chicos y por la noticia (notición) de que vamos a ser padres por tercera vez (con lo cual la pieza que estuvimos refaccionando ya nos va a quedar chica de acá a un tiempo :P ), ya se nos estaba haciendo eterno y no veíamos la hora de empezar.

Por suerte, ya están todos los detalles arreglados como para largar este fin de semana. Esta va a ser mi primer mudanza a gran escala, así que voy a enterarme de qué tan traumáticas son estas cosas. Van a ser semanas de mucha paciencia hasta que estemos completamente instalados y terminemos de ordenar todo. Y supongo que en el transcurso encontraremos muchas cosas que creíamos que habíamos perdido!

Espero poder tomarme el tiempo para bajar un poco las revoluciones y disfrutar del cambio de escenario. Tengo muchas ganas de aprovechar para hacer unas buenas fotos del lugar y sus alrededores. Incluso ya tengo en vista algunas tomas. Será cuestión de ver si me salen…

Actualización 04/12: al final nos demoramos unas semanitas más. Pero por suerte y desde ayer ya estamos “acomodados” en la nueva casa. Aunque lo de acomodados es una forma de decir porque todavía hay cajas y muebles a medio ubicar por todos lados. No fue tan trágico después de todo, aunque espero no tener que repetir la experiencia por lo menos hasta dentro de varios años. Será cuestión de tomarnos las cosas con mucha paciencia e ir ordanando todo de a poco.

Aterdeceres campestres

El fin de semana pasado nos hicimos una escapada al campo, literalmente. Y fue uno de esos momentos casi mágicos en los que me arrepentí terriblemente de no haber cargado la cámara de fotos. La escapada fue improvisada de un momento para otro y no duró más de 40 minutos. La idea era ir a visitar a un tío (hermano de mi abuela) que pasó toda su vida en el campo. Estábamos muy cerca del lugar, teníamos muchas ganas de verlo y él no se está sintiendo muy bien últimamente.

Apenas cruzando la ruta 14 empiezan los caminos de tierra que se van metiendo de a poco y serpenteando en la zona de campo, cultivo y cría de animales. La mezcla de colores, de diferentes cultivos, los animales pastando, los caminos de tierra que iban dejando una estela difusa atrás nuestro, los pájaros, las frondas, los setos, la música que sonaba en ese momento en la radio, todo eso coloreado por un atardecer bien rojizo con nubes pesadas y gruesas desparramadas por un cielo tranquilo, me generaron una sensación casi sublime, casi fílmica, muy difícil de explicar. Era todo un placer estar cruzando por esos caminos.

Supongo que el contraste con el paisaje urbano al que estoy acostumbrado normalmente también influyó bastante en ese momento. Todo el conjunto me inspiró una especie de “nostalgia” y muchísimo respeto por la vida en el campo. Pensar que todos los días ese es tu paisaje, tu lugar, tu entorno de trabajo y de convivencia, más allá de todas las complicaciones y limitaciones que eso mismo supone.

El lugar se conoce entre la gente como “Campo Loma Verde”. Queda en el pueblo de Soldini (a unos 15 kilómetros de la ciudad de Rosario) a donde nos estaremos mudando en unas semanas más si todo sale según los planes. La mudanza la venimos planeando desde hace más de 4 meses y posponiendo por motivos diversos (entre ellos la noticia de nuestro tercer embarazo, tercer hijo en camino). Lo último que quedaba por hacer en la casa ya está terminado así que ya no tenemos excusas para demorarnos, salvo imprevistos.

La casa es un lugar hermoso. Era de mis abuelos y tiene un patio enorme que seguramente nos tomará tiempo y esmero mantener para que lo puedan disfrutar mis hijos. Pero vale mucho la pena. Es un pueblo muy tranquilo y lo conozco desde que era muy chico. Íbamos muy seguido a pasar los fines de semana a la casa de mis abuelos maternos, a los que estoy extrañando desde hace unos pocos meses.

Seguramente, ellos estarán muy contentos de que ahora nos vayamos para allá. Y, a pesar de que sé que al principio nos va a costar un poco adaptarnos por varios motivos, nosotros estamos muy ansiosos, agradecidos y orgullosos de poder irnos a vivir a la casa que mi abuelo construyó con sus mismísimas manos.

Auto-regalo

Como está muy próximo mi cumpleaños número 30, la semana pasada me agarró algo muy parecido a un “antojo” y no traté de contenerlo en lo más mínimo. Apenas salí del trabajo fui derecho a la primera librería que se me cruzó por la cabeza (una que está justo a la vuelta) y decidí sacarme las ganas con un libro del que hacía mucho venía leyendo comentarios por ahí y que hacía rato que tenía ganas de conseguir. No digo de leer, porque la cola de libros que tengo pendientes de lectura es bastante larga para mi ritmo actual de lectura. Pero supongo que lo voy a acomodar en el medio de algunos otros porque es una novela bastante corta.

Fue bastante curioso, porque entré a la librería con la idea de preguntarle directamente a alguno de los empleados por el libro pero cuando llegué hasta el final del local vi que había una batea con libros clásicos (y otros no tanto) en oferta. Y me llevé una sorpresa muy grata cuando vi que tenían una buena pila del que yo justo estaba buscando. Así que me ahorré la consulta y agarré una copia. Curioseando un poco entre los demás libros que había en la misma mesa, de los cualés no todos eran de una temática afín, encontré otros dos que también me había quedado con ganas de comprar en alguna otra oportunidad. Así que, como estaban todos a muy buen precio, no lo dudé demasiado y me los llevé los tres.

Ah… además compré un libro de lectura infantil para mi hijo más grande, supongo que para no sentirme tan mal de comprar solamente algo para mí.

Los nuevos libros que se agregan a mi humilde pero creciente (se aceptan donaciones y regalos) biblioteca son:

Apenas termine con mi lectura actual supongo que le haré un lugarcito a 1984, que fue el que motivó mi escapada a la librería. No sé por qué, porque conozco la trama muy por encima, pero la segunda parte del juego Half Life me hizo acrodar mucho a este libro.

En cuanto a “Un Mundo Feliz”: Brave New Wolrd es el título original del libro en inglés, pedazo de disco de Iron Maiden. Demasiadas cosas buenas juntas.

La tercera novela, “El Señor de las Moscas”, es una historia de post-guerra sobre un grupo de chicos que se pierde en una isla después de un accidente de avión. Salvando las diferencias en la trama y las épocas me crea un clima Lost que me seduce demasiado. De la película que se hizo en 1990 (con Harrison Ford) tengo vistas solamente un par de secuencias sueltas que espero no me condicionen demasiado la lectura.

Es genial que se puedan conseguir libros tan baratos. Obviamente se trata de ediciones económicas y no tan lujosas como otras, pero cuando lo que importa es el texto, todo lo que encarezca el producto creo que está de más. Creo que la industria de la música debería tomar como ejemplo este concepto de la industria literaria: el hecho de que haya diferentes tipos de edición de una misma obra, cubriendo las distintas pretensiones de cada lector. Si realmente me gusta un autor o una obra, es razonable que me compra una muy buena edición. Pero si lo que quiero es algo más accesible no tengo por qué gastarme un dineral. Es cierto que en cuanto a CDs y DVDs de música existen las ediciones coleccionables, que son mucho mas caras y tienen (o deberían tener) material extra y mejor calidad en algunos elementos. Pero no existe algo así como una edición “realmente” económica de un disco.

Así que ya saben: si me quieren regalar algo… mejor un libro.

Lo que más uso todos los días

Un top 5 de las aplicaciones (tanto web como de escritorio) que más uso en el día a día laboral (y no tanto). Aquellas piezas de software que nos hacen la existencia mucho más fácil y sin las cuales un sólo día sería todo un infierno.

En la web:

  1. Google Reader: desde hace tiempo se transformó en mi lector de feeds y noticias “por defecto” y llegan a acumularse un montón de post y noticias que trato de ir poniendo al día de a poco. La interfaz es simple y excelente, a pesar de que no funciona del todo bien en otros navegadores que no sean Firefox e Internet Explorer (tiene algunos problemas en Konqueror y en Opera)
  2. GMail: pensar que le debo mi cuenta de correo de GMail a Korochi! (eran las épocas en que todavía era una beta cerrada y se accedía sólo por invitación). El hecho de que comparta el diseño y muchas características (por no decir casi todas) de su interfaz con Google Reader hace que todo sea mucho más simple (te acostumbrás a uno y ya tenés resuelto el otro). Es muy fácil pasar de una aplicación a otra sin hacerte demasiado lío en el camino. El soporte para cuentas POP externas es genial y desde que lo habilitaron ya no uso ningún otro cliente de webmail o de correo de escritorio. Configuré todas mis cuentas (hay que tener en cuenta que tiene un límite de 5 cuentas POP en total, cosa que por ahora a mi me alcanza) para poder leerlas desde GMail. Es espectacular poder acceder a todas tus cuentas desde cualquier máquina que tenga una conexión. Todavía no habilitaron en mi cuenta el soporte para IMAP, lo que me permitiría usar la cuenta desde cualquier cliente de correo y sincronizar todo lo que haga desde él con el servidor de GMail. Pero como lo que más me gusta y más útil encuentro es, precisamente, la interfaz web, no sé qué tanto me inclinaría a usarlo desde un cliente de mail de escritorio convencional.
  3. Twitter: lo descubrí tan sólo hace unos días, pero ya me está gustando. No te cambia la vida pero es bastante adictivo. Me sirve a modo de catársis en determinados momentos. Por ahora trato de mantener una lista reducida de personas a las que sigo para que no me distraiga demasiado. Está muy bueno seguir los comentarios de gente que conocés en la vida real, así te enterás todo el tiempo de cómo les está yendo.
  4. Google Calendar: a pesar de que no lo uso mucho como agenda diaria (reuniones, entregas, tareas y bla, bla, bla…) me es imprescindible para no olvidarme de los cumpleaños y los vencimientos de pago. La interfaz también es impecable (como todas las desarrolladas por Google a decir verdad) y el hecho de que pueda acceder a los calendarios desde otras aplicaciones también es muy útil. El único problema es que solamente se puede acceder a los calendarios en modo lectura, no se pueden agregar eventos desde otras aplicaciones.
  5. Google Notebook: para tomar nota de todo lo interesante que uno ve por ahí: direcciones web para visitar más tarde desde casa, posibles descargas, etc. También es excelente para generar listas rápidas: libros por comprar, personas a las que llamar, webs que visitar. Hasta tiene una extensión para Firefox que lo integra mucho más y lo hace más rápido y fácil de usar.

A excepción de Twitter, podría decirse que toda mi vida online depende de Google. Y la verdad es que no me genera ningún tipo de paranoia!

En el escritorio:

Tanto en casa como en el trabajo.

  1. Firefox: sin el cual no podría usar todo lo que está más arriba. Ya todo el mundo lo conoce (y si no sigan el enlace en el nombre) así que las presentaciones sobran. Lo único que le critico es el uso excesivo de recursos y de memoria (en algunos casos consume alrededor de 300 MB para él solito), por lo que he intentado buscar algún reemplazo (Konqueror y Opera fueron las opciones bajo Linux) aunque infructuosamente.
  2. vim: el editor de textos por excelencia. Es tan simple y rápido que una vez que te acostumbrás a usarlo no hay ningún otro que se le acerque en agilidad. Hasta lo podés usar desde una simple consola en modo texto, así que no se puede pedir más. Tiene funciones para lo que te imaginés y muchas más todavía.
  3. Kontact: es el cliente de mail de KDE. Lo uso para la cuenta de mail del trabajo porque integra perfectamente con el servidor Exchange tanto para el envío y recepción de mails como para el calendario compartido, directorio de contactos, groupware y demás.
  4. Pidgin: el programa de mensajería de Gnome (algo así como el “reemplazo” del MSN Messenger para Linux). Lo odio pero lo uso, no me queda más remedio. Por cuestiones del proxy del trabajo y de algunas limitaciones de KDE no puedo usar Kopete (que es el programa de mensajería de KDE). De más está decir que prefiero siempre la versatilidad y el diseño de las aplicaciones KDE por sobre las de Gnome.
  5. Quanta+: es un excelente editor de código que tiene todo lo típico que ofrece un programa de su tipo: coloreado y resaltado de sintaxis, plegado de código, referencia y auto-completado inteligente, soporte para diferentes codificaciones de archivo, bibliotecas de código (snippets) y un largo etcétera. Es modular y extensible a varios lenguajes: HTML, CSS, PHP, C++, Java, Python, Ruby y casi todo lo que se te ocurra. Todo mediante el uso de extensiones. Soporta CVS y es súper configurable en todos sus aspectos (dije que era parte de KDE, ¿no?) Una joyita. No será como Eclipse, pero es mucho más liviano e integrado al entorno de KDE.

Al margen de otras aplicaciones específicas de lo que hago en mi trabajo, esas son las imprescindibles, las de fierro, las de todos los días, no importa el qué ni el cómo ni el cuándo.

Si quieren tomar esto como un “meme”, ningún problema. Se lo paso al que lo quiera y sin la obligación de hacer una descripción de cada aplicación. Con el listado basta y sobra.

¡Ups!

Casi 6 meses sin escribir nada por acá. Eso sí que son unas buenas vacaciones. Según algunos, para que un blog sea considerado inactivo o muerto deben haber pasado al menos esa cantidad de meses desde la última entrada publicada. Y casi. No es que este post sea forzado para que no se llegue a cumplir esa regla, pero…

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