Tengo que decirlo… la actualización de WordPress a la versión 2.7 vale la pena. ¡Muchísimo! El nuevo diseño del tablero de administración es sencillamente hermoso: limpio, intuitivo, personalizable a más no poder y bellísimo. Es una de las interfaces mejor acabadas que se pueden ver en la actualidad.
Pero el cambio no es solamente estético. Hay muchas mejoras internas que se notan realmente en la velocidad con que responde tanto la nueva interfaz de administración.
Otro de los méritos es que la actualización de cualquier versión anterior a esta es simple e indolora. En sólo 5 pasos se puede tener todo actualizado a la última versión (aunque nunca está de más hacer las copias de respaldo de todo lo que sea crítico) A partir de esta versión, las actualizaciones futuras se podrán hacer directamente desde el tablero de administración, tal como se podía hacer en las versiones anteriores con los plugins y agregados que notificaban automáticamente la aparición de nuevas versiones y se podía instalar todo lo necesario con un simple clic.
En España se han generado, desde hace tiempo, un debate y una lucha muy agitados acerca de los derechos de autor y la libre distribución de la cultura en la era digital. Hay diferencias muy claras en cuanto a lo que es y lo que debería ser la cultura y el arte y su distribución social en la era tecnológica en la que nos toca vivir. Hay planteamientos muy fuertes y bandos bien diferenciados: por un lado están los que controlan los derechos de difusión de la mayor parte de los contenidos culturales que la sociedad consume y por el otro los consumidores directos de dichos contenidos. Y las diferencias de conceptos son marcadísimas. Se habla de diferencias conceptuales generacionales, de intereses puramente comerciales, de utilizar la excusa de la protección del artista y de la cultura como máscara para, en realidad, proteger intereses conómicos. Se habla de muchas cosas. Y se hacen muchas otras desde ambas partes.
En muchos otros países de Europa y del mundo existe lo que se denomina el ‘canon digital’, algo así como un impuesto a todos los medios que posibilitan la copia de material con algún tipo de derecho de autor. Los artículos sujetos al canon son de lo más variados: desde CDs y DVDs vírgenes pasando por todo tipo de soporte que permita la copia digital de material con copyright, tarjetas de memorias, discos rígidos y hasta escáneres e impresoras. De esta manera se busca compensar por las posibles copias que se pudieran hacer con estos medios de obras protegidas por el derecho de autor, compensando de esta manera el perjuicio que esto generaría a sus autores. El debate está servido desde hace tiempo. Y hay serias dudas de que este tipo de campañas, apoyadas por entidades de gestión colectiva (la RIAA en USA, SGAE en España, SADAIC en Argentina y muchas otras en todo el mundo) busquen verdaderamente proteger al artista y de que los fondos recaudados por estas imposiciones vayan a donde deberían. En Argentina todo llega tarde, pero termina llegando. Hace poco corrieron rumores acerca de la implantación de un impuesto (llamarlo canon es algo mucho más diplomático) similar al europeo en nuestro país.
El concepto de este “canon” es bastante irónico y paradójico en sí: por un lado, se cobra a los usuarios finales de este tipo de medios por el posible perjuicio generado al artista, pero por el otro, se persigue y se trata de sancionar (por lo menos por vías civiles, ya que la copia privada está muy lejos de ser delito) a los que dupliquen contenidos protegidos. Se mete a todo el mundo en la misma bolsa de “piratas” cuando, en realidad, la piratería cultural y la copia provada son cosas claramente distintas.
Cuando todo parece agotarse y los recursos para limitar la distribución de este tipo de contenidos, muy facilitada por la penetración de internet y la forma en la que la sociedad la utiliza, los mercados se tambalean y se recurre a soluciones extremas que atentan contra todo tipo de libertades sociales. Se proyecta y se implementa el monitoreo de las transferencias en internet. Con la excusa de las descargas de contenidos ilegales se controla absolutamente todo. Se escruta, se intimida y se persigue a los usuarios por hacer uso de un servicio por el que pagan. En estas cuestiones, los límites parecen no estar del todo claros. Hay amplios vacíos legales, sobre todo en nuestro país.
La copia privada o, para decirlo en términos más cordiales, el derecho que todos tenemos de copiar y compartir contenidos culturales en forma libre siempre y cuando no haya ánimo de lucro o beneficio económico de por medio, es otro gran debate con posturas muy encontradas. Pero en casi todo el mundo, según diferentes legislaciones y salvando diferencias puntuales, todos tenemos derecho a la copia privada y esta no es una actividad ilegal o ilícita que pueda ser penada por la ley.
Pero una de las muchas ventajas que nos da internet (al ser libre y no estar controlada) es la posibilidad que nos brinda de aunar intereses y formar comunidades que busquen un fin práctico común. Por ejemplo, Exgae (un movimiento que surge en España y que es digno de imitar) busca proteger a la sociedad, a la comunidad de usuarios de internet y al individuo en general ante eventuales intentos de coartar la difusión cultural en pro del beneficio económico.
Y es que, muchas veces, se llega a extremos casi impensados pero que finalmente son avalados por el gobierno de turno (por lobby, desconocimiento, corrupción y demás) y se crean e imponen leyes totalmente autoritarias e irrisorias, que sólo pueden ser razonables para unos pocos beneficiados, pero que estan muy lejos de beneficiar a la mayoría. De un día para otro internet, esta gran herramienta con la que contamos, capaz de cambiar la forma en la que nos comunicamos, interactuamos y pensamos, capaz de transformar la sociedad y los mercados de forma inimaginada hasta hace tan sólo unos pocos años; puede dejar de ser ese territorio libre y autárquico en el que nos movemos.
Hace unos días publicaron una especie de manifiesto en respuesta a otro publicado por la coalición española de entidades de gestión. Sus 7 puntos son los siguientes (las negritas son mías):
Deuda saldada. Hacía rato que tenía pendiente la actualización del blog a la última versión de WordPress, la 2.5.1, que está disponible de serie en castellano. Después de varias semanas (sí, ya sé que siempre llego tarde a estas cosas) me pude hacer un hueco para ponerme de una vez por todas a trabajar en eso. La verdad es que actualizarse vale muchísimo la pena y es (casi) indoloro. Los pasos son pocos y bien sencillos. Así que hice mis copias de seguridad de rigor (por si acaso) tomé coraje, respiré hondo y manos a la obra.
Como primera impresión, tengo que decir que el panel de administración tiene muchos cambios favorables, tanto desde el punto de vista estético como del funcional. Había leído algunos comentarios en contra de esta nueva apariencia del administrador pero, desde mi gusto y punto de vista, está todo mucho mejor. Parece mucho más ordenado y sencillo. La administración de plug-ins ha mejorado bastante, permitiendo la actualización de los que ya tengas instalados en forma automática desde el mismo panel. Todo se descarga y se instala con una mínima intervención del usuario. Una seda. Me quedan por ver muchas otras características nuevas que iré descubriendo con el uso.
Goosh es algo así como un shell o línea de comandos no oficial para Google, el buscador que acapara todas nuestras consultas. Lo descubrí hace unos días y lo empecé a probar porque me llamó mucho la atención. Al no ser un proyecto oficial de Google, la compañía no está detrás del proyecto y no brinda ningún tipo de garantía ni soporte. Todo lo contrario, es un desarrollo personal de Stefan Grothkopp que utiliza el API de Google para ofrecer una serie de opciones muy útiles desde una simple línea de comandos. Los usuarios de Unix, GNU/Linu o BSD están mucho más habituados a la línea de comando e incluso hay tareas que son mucho más llevaderas desde una línea de comandos y algunas otras que no se pueden hacer salvo de esta manera. Los usuarios de Windows todavía tienen en el menú de ‘Inicio’ la opción ‘Símbolo de sistema’ que les permite abrir la vieja y querida ventanita de texto con fondo negro que a los usuarios con algo de carrera en el mundo informático les arrancará uno que otro suspiro nostálgico (o algún que otro dolor de cabeza!).
Bueno, esto es algo parecido a una línea de comandos pero pensada para funcionar con los servicios de Google. Facilita muchísimo algunas búsquedas básicas directas, como por ejemplo buscar el contenido de determinadas palabras dentro de un sitio o dominio determinado, buscar directamente sobre el catálogo de imágenes de Google, el contenido de la Wikipedia, blogs, feeds RSS, noticias, videos (sólo en Goole Video); y todo esto tecleando un puñado de comandos muy sencillos. Una lista de todos los comandos y operaciones posibles se obtiene escribiendo el comando ‘help’, que también se puede utilizar para obtener ayuda específica sobre un comando determinado: por ejemplo, tecleando ‘help wiki’ se puede leer la ayuda sobra cómo utilizar el comando para buscar directamente sobre los contenidos de la Wikipedia.
Un comando muy útil es ‘lang’, que nos permite configurar el idioma a utilizar (por ejemplo ‘lang es’ para el español / castellano). A pesar de que el cambio de lenguaje no traduce la interfaz y los textos que aparecen en pantalla, sí actúa sobre las búsquedas y los resultados que se obtienen. Por ejemplo, si configuramos el lenguaje en castellano, se priorizarán los resultados en este idioma sobre las búsquedas de Google y se buscará en la Wikipedia en español.
Otra opción genial y muy funcional es la posibilidad de agregarlo como servicio a la barra de búsquedas de Firefox (la que aparece arriba, a la derecha de la barra de direcciones) Firefox permite utilizar diferentes servicios de búsqueda en esta barra. Si bien se puede agregar en forma manual, en el caso de Goosh este proceso también es muy simple. Basta con teclear el comando ‘addengine’ y listo, la nueva opción de búsqueda aparece automágicamente, previo pedido de confirmación al usuario. Tenerlo en la barra de búsquedas es doblemente útil porque se pueden hacer búsquedas directamente ingresando los comandos desde ahí, por ejemplo ‘in londinium.com.ar Goosh’ buscará sólo las menciones del servicio en este blog. ¡Muy útil y rápido! Y sólo tecleando un par de comandos.
Si bien es verdad que muchas de las combinaciones y tipos de búsqueda se pueden hacer directamente desde Google utilizando algunos de los operadores de búsqueda avanzada que ofrece el mismo buscador, tenerlas al alcance de la mano de esta forma más sencilla es muy tentador. A mí me sirve muchísimo para hacer búsquedas de enlaces y referencias mientras escribo algunos artículos del blog sin tener que andar navegando por 10 sitios a la vez.
El impulso de tuitear surge de una necesidad intrínseca de todo geek/friki dospuntocero superado por su propia grositud interior que tiende a expandirse exponencialmente y necesita una válvula de escape efectiva. Este desbordamiento colma toda la esencia del ser tuitero y necesita ser difundido en comprimidos de 140 caracteres. El desliz aparentemente circunstancial de palabros medio techies es una clara manifestación de la expansión inconmensurable de toda esta grositud que busca canalizarse hacia oídos ávidos de nuevos ídolos virtuales. Lo impetuoso de toda esta manifestación muchas veces escapa a los límites establecidos, generando tuiters compulsivos y seriales.
Hay estilos muy claros e identificables. Por ejemplo:
- “La conectividad wifi del N95 en el aeropuerto de Amberes es pura caca” (@earcos style)
- “Encontré un sitio genial sobre origami estilo zen, una pena que la hoja de estilos no valide” (@minid style)
- “Váyanse todos a cagar” (@korochi style)
- “Sarlanga 2.0 -> nueva comunidad de ex-combatientes de Camboya en SL” (@dotpod style)
- “Paupérrimo y Desauciada debaten sobre quién tiene el clic más rápido del ala oeste” (@eloficinista style)
Entre muchos, muchos otros.
¡Va con onda! (en serio)