La historia tiene la mala costumbre de ocultar los recuerdos bajo el mar, bajo la tierra o bajo un manto de dudas, pero la humanidad carga aún con una inconducta mayor que es la de tergiversar los hechos, mentir la realidad o silenciar las verdades. La historia se libera así del pecado del error, que como todos sabemos, humano es.
(…)
La historia tiene la capacidad infinita de inyectar las dosis justas del tiempo que necesitan las almas para develar sus secretos. Dicen que todo está escrito y es cierto, pero el tema es que está sin publicar, la historia, por ende, es inédita hasta que la edita la memoria de los seres humanos.
Yo maté al Principito – Editorial
Ángel de Lata – Año 7, Nº 16, Septiembre de 2008
A lo largo de cien capítulos se establece la cantidad de adrenalina que produce un individuo antes de ser vacunado, el volumen que alcanzan las lágrimas de una madre a lo largo de su vida, la cantidad de cera que lleva en sus oídos el conjunto de habitantes de la ciudad de Buenos Aires (suficiente al parecer para lustrar todos los pisos del edificio de Obras Sanitarias), y la energía que se consume en un suspiro.
Algunos datos producen indignación en las almas sencillas: para esta gente la novela Madame Bovary consiste en una cierta mezcla de medio kilo de papel y un cuarto litro de tinta.
Crónicas del Ángel Gris
Alejandro Dolina
Y sí… el futuro pertenece a los Refutadores de Leyendas.
Esta mañana venía escuchando el programa de Marcelo Fernández por radio Fisherton/CNN (sí, lo traicioné por un rato a Pablo Franza en Radiofónica, a veces hago zapping radial) donde leyeron un texto del filósofo español Julian Marías, que de una manera bastante directa y de a ratos algo dura, trata de pintar un boceto del argentino promedio. Me hico reir mucho con algunas frases tiradas así a sangre fría, pero que no dejan de ser muy reales y en las que uno se identifica instantáneamente.
Por ejemplo:
Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema.
Y también:
Los argentinos son italianos que hablan en español. Pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses. Dicen discursos franceses y votan como senegaleses. Piensan como zurdos y viven como burgueses. Alaban el emprendimiento canadiense y tienen una organización boliviana. Admiran el orden suizo y practican un desorden tunecino.
A pesar de que creo que está basado en el estereotipo “aporteñado” que se tiene del argentino, es uno de esos textos que se escriben en tono de broma pero que son la expresión más coloquial y sincera de la pura realidad. Para entender un problema, una realidad, a veces no hay mejor perspectiva que la del que ve las cosas desde afuera. Supongo que es por eso que pedimos concejo a algún amigo para tratar de buscarle la vuelta a algunos de nuestros problemas.
Dejo el texto completo para todo el que quiera profundizar un poco más en el estudio de ese misterio que es el ser argentino.
Los argentinos según el filósofo español Julián Marías
Los argentinos beben en una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto -el tango- y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas. Ellos mismos no se conocen.
Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y también al curandero todo al mismo tiempo.Tratan a Dios como “El Barba” y se mofan de los ritos religiosos, aunque los presidentes no se pierden un Tedeum en la Catedral.
No renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones.¡No discutáis con ellos jamás! ¡Los argentinos nacen con sabiduría inmanente! Saben y opinan de todo. En una mesa de café y en programas de periodistas/políticos arreglan todo. Cuando los argentinos viajan, todo lo comparan con Buenos Aires. Hermanos, ellos son “El Pueblo Elegido”…por ellos mismos.
Individualmente, se caracterizan por su simpatía y su inteligencia. En grupo son insoportables por su griterío y apasionamiento. Cada uno es un genio y los genios no se llevan bien entre ellos; por eso es fácil reunirlos, pero unirlos… imposible.
Un argentino es capaz de lograr todo en el mundo, menos el aplauso de otros argentinos.
No le habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura.Los argentinos son hiperbólicos y desmesurados, van de un extremo a otro con sus opiniones y sus acciones.
Cuando discuten no dicen: “no estoy de acuerdo”, sino: “Usted esta absolutamente equivocado”.
Aman tanto la contradicción que llaman “Bárbara” a una mujer linda; a un erudito lo bautizan “Bestia”, a un mero futbolista “Genio” y cuando manifiestan extrema amistad te califican de “Boludo”. Y si el afecto y confianza es mucho más grande, “Eres un Hijo de Puta”.
Cuando alguien les pide un favor no dicen simplemente “Si”, sino “Como No”. Son el único pueblo del mundo que comienza sus frases con la palabra NO. Cuando alguien les agradece, dicen: “NO, de nada” o “NO”… con una sonrisa.
Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema.
Cualquier argentino dirá que sabe como se debe pagar la deuda externa, enderezar a los militares, aconsejar al resto de América Latina, disminuir el hambre de África y enseñar economía en USA.Los argentinos tienen metáforas para referirse a lo común con palabras extrañas. Por ejemplo, a un aumento de sueldos le llaman… “Rebalanceo de Ingresos”, a un incremento de impuestos… “Modificación de la Base Imponible” y a una simple devaluación… “Una Variación Brusca del Tipo de Cambio”.
Un Plan Económico es siempre… “Un Plan de Ajuste” y a una Operación Financiera de Especulación la denominan… “Bicicleta”.
Viven, como dijo Ortega y Gasset, una permanente disociación entre la imagen que tienen de si mismos y la realidad. Tienen un altísimo número de psicólogos y psiquiatras y se ufanan de estar siempre al tanto de la última terapia.
Tienen un tremendo súper ego, pero no se lo mencionen porque se desestabilizan y entran en crisis.
Tienen un espantoso temor al ridículo, pero se describen a si mismo como liberados. Son prejuiciosos, pero creen ser amplios, generosos y tolerantes. Son racistas al punto de hablar de…”Negros o Judíos de mierda” o “cabecitas negras”.Los argentinos son italianos que hablan en español. Pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses. Dicen discursos franceses y votan como senegaleses. Piensan como zurdos y viven como burgueses. Alaban el emprendimiento canadiense y tienen una organización boliviana. Admiran el orden suizo y practican un desorden tunecino.
Son un misterio, son argentinos
Hace algunos días un antiguo compañero de trabajo que había ido a probar suerte en España poco tiempo después de la crisis del 2001 en la Argentina me trajo de regalo un libro que hacía mucho tiempo que estaba tratando de conseguir. En realidad no estaba pensado originalmente como un regalo. Entre sus idas y venidas transoceánicas le había pedido que me lo comprara en su próxima visita relámpago a España con la idea de pagárselo una vez que llegara a mis manos. Pero, al final, no quiso cobrarme el valor del libro y se transformó, para mi sorpresa y alegría, en un regalo hecho y derecho. Le agradezco muchísimo la molestia y el gesto y le deseo mucha suerte con su retorno a España. Seguramente lo vamos a extrañar.
El libro en cuestión no se consigue directamente en la Argentina a pesar de que es un algo así como un best-seller en otros lugares del mundo. Es cierto que tenía la opción de comprarlo en su edición en castellano en alguna tienda internacional. Pero, teniendo a un conocido del otro lado del charco, prefería evitarme todo el trámite de pagar con tarjeta, en otra moneda y esperar envíos que no siempre llegan a destino.
Es impresionante lo que cuestan los libros (y todo lo relacionado con la cultura en general) en España y en Europa en general. Aunque es una idea que tengo porque nunca estuve por allá. Una edición muy aceptable del libro por sólo €9,45. Casi nada. Es raro ver esos precios en ediciones nacionales (e incluso latinoamericanas) en Argentina. Y menos de material nuevo, editado sólo hace unos pocos años.
Lo último que encontré de este estilo, en una muy buena edición ilustrada y con excelente encuadernación, fue un libro descatalogado de Julio Verne, de saldo y en condición de casi nuevo, por apenas $10. Por supuesto que aproveché la oportunidad y me lo embolsé en ese mismo momento.
Pero es raro encontrar libros nuevos, de edición reciente y de autores contemporáneos, que bajen de los $25 o $30. Y eso si nos quedamos con las ediciones más económicas, editadas en nuestro país o en latinoamérica. Veo mucho material editado en México de una calidad similar y a precios también bastante accesibles.
Si ponemos las cosas 1 a 1, en una realidad utópica, empatando el peso argentino con el euro (cosa que no es tan loca si lo vemos desde la perspectiva de que alguien trabajando en España, por ejemplo, cobra en euros digamos unos €3000) pensar que un libro de más de 500 páginas te cuesta menos de €10 es una maravilla. Eso es promover la cultura.
Hay cosas que a uno le gustaría haber escrito. Lástima que alguien haya tenido la idea de adelantársenos. Haciendo memoria me vino a la cabeza un texto corto que en su momento alguna profesora de literatura nos hizo leer. Me parece simplemente magistral:
“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza.
El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.”
Me acuerdo que la primera vez que leí el texto me picó tanto la curiosidad por Cortázar que busqué y me leí todo lo que tenía a mano.
Lo mismo me pasó con Gabo y “100 Años de Soledad”