Interesante perspectiva la de Zeta Bosio, un ex-integrante de Soda Stereo, sobre lo que debería ser la distribución y el mercado de la música. Sin ir muy lejos, un ex-compañero de banda piensa absolutamente todo lo contrario.
En una entrevista en el diario La Nación que le hicieron recientemente a Zeta, a la que llegué a través del blog Zona Indie, declara que, originalmente, la música era libre y se compartía sin intermediarios. Una situación mucho más cotidiana entre el público y el artista:
La música originalmente era libre. Vos querías escuchar música y tenías que conseguirte un tipo que te tocara la guitarra en el campo de al lado, te hacías un cumpleaños y todos bailábamos y el tipo se tomaba un vino con vos nos íbamos a casa y escuchábamos las canciones que nos gustaban y las cantábamos, las que conocíamos todos. De repente, alguien grabó la música y dijo: ´¡qué bueno! esto se puede grabar, llevar a casa, y se puede vender´. Se crearon los aparatos para reproducir, y todo un negocio y se empezó a pagar por la música. Y llegó un momento en que el que tenía más plata podía comprar mejor música lo cual es una locura. Yo creo que la música es patrimonio de la gente, la música tiene que ver con nosotros, con nuestra felicidad, con nuestros momentos, la música se te mete adentro y te hace revivir los momentos más íntimos, es algo que no podía estar grabado
La facilidad de reproducción de medios que tenemos actualmente con los CDs y DVDs grabables, los precios relativamente bajos de las grabadoras y de los insumos, internet y la difusión de archivos en tiempos cada vez más cortos, las comunidades crecientes de gente compartiendo material de los más variados estilos, los pendrives… la tecnología en sí, está facilitando y acelerando un nuevo proceso de liberación de la música. En este proceso los intermediarios se hacen cada vez menos relevantes y necesarios porque que son los mismos consumidores los que lo manejan y lo potencian. En este escenario, si el clásico intermediario no reacciona a tiempo y se replantea el mercado y las posibilidades de negocio, surge la contienda a la que ya estamos tan acostumbrados. ¿Es o no “piratería” descargar de internet material protegido por derechos de autor? ¿Es ilegal copiar CDs o DVDs protegidos por copyright? ¿Este copyright a quién protege: al distribuidor o al autor? ¿Cuánto recibe el artista de lo que yo estoy pagando por un producto en el circuito clásico de comercialización de la cultura?
Más allá del vacío legal que existe en muchos países (Argentina entre ellos) sobre estos temas, hay una discusión filosófica en la que hay dos bandos bien definidos. La música es parte de una cultura. Y la cultura es parte de una sociedad. Compartir música y cultura no debería ser perseguido y catalogado como “piratería”. La piratería es algo muy diferente.
No es raro en estos días ver que algunas bandas internacionales están regalando algunos de sus discos para que se puedan descargar libremente desde internet. En algunos casos la descarga es completamente gratuita, en otros por una suma de dinero a criterio de quien la descarga. De alguna manera, se pude decir que a nivel mediático el fenómeno empezó con el disco In Rainbows de Radiohead, que se podía descargar (lamentablemente ya no está disponible) libremente desde la web oficial que había montado la banda para el disco por la suma de dinero, en libras esterlinas o en dólares, que a cada quien le pareciera adecuada. Incluso poner un 0 grande y redondo en el campo destinado a la suma que uno estaba dispuesto a pagar era una opción y el disco se podía descargar de todas maneras. Después siguieron Trent Reznor y Nine Inch Nails con algunos discos que se distribuyeron de la misma manera y el último caso es el de Coldplay y su disco LeftRightLeftRightLeft (LRLRL), un disco en vivo que se podía descargar gratuitamente desde la web antes de que saliera a la venta y se pudiera encontrar en las bateas de cualquier disquería. Peter Gabriel llego a liberar material de la misma forma, con el añadido de que se podía descargar mucho material en crudo (las pistas que conforman los temas por separado) para re-mezclarlas y crear un tema a medida. Todo en forma gratuita, todo en forma legal, sin ningún tipo de DRM o restricción alguna para quien descargaba los discos. Es, sin duda, una tendencia que esta empezando a caminar de a poco. Y una tendencia muy interesante.
En nuestro país, uno de los casos que me viene ahora a la memoria es el de Daniel Melero y su disco Acuanauta. Este material fue distribuido única y exclusivamente por internet y se podía descargar sin costo alguno. Lamentablemente, la web del proyecto parece estar inactiva.
Pero más allá de estos experimentos sociales de los grandes bandas a nivel mundial, hay otro escenario, otro circuito que se mueve de la misma manera e incluso va un paso más allá. Hay miles (y creo que me quedo corto) de artistas mucho menos conocidos que liberan su material de la misma manera e inclusive en la mayoría de los casos con licencias, como las Creative Commons, que dan una serie de libertades muy interesantes y convenientes para todos aquellos que quieran utilizar la música para seguir creando obras derivadas o, inclusive, modificarlas a su propio gusto. Todo esto, siempre y cuando se respeten las premisas básicas de este tipo de licencias, que en muchos casos no van más allá de dar el crédito merecido al autor original de la obra.
Todo esto viene a colación de lo siguiente. Hace poco tiempo y gracias a Federico Aikawa, un blogger rosarino, descubrí a Facundo Arena y su podcast Alternaria Semanario, que graba semanalmente junto a otros participantes (entre los cuales suele estar Federico) que van rotando a lo largo de los diferentes episodios. Me hice habitual del podcast y, por lo tanto, se lo recomiendo a todo aquel que esté interesado en un resumen de las noticias tecnológicas más importantes de la semana. Facundo es un geek (si me puedo permitir el calificativo) interesado no sólo en la tecnología, ámbito dentro del cual deja ver sus betas linuxeras, sino también en la producción musical y de sonido. De hecho tiene montado su proyecto personal, Baker Street Studio, que no solamente es el centro de producción de su podcast semanal sino que es el estudio donde graban bandas de nuestro país que, en muchos casos, terminan liberando sus discos y la mayor parte de su material en formatos libres, bajo licencias Creative Commons. Uno de esos casos es el de The Kyoto Connection, un proyecto en el cual el mismo Facundo Arena está involucrado como productor y cuyos discos se pueden descargar libremente desde el sitio oficial de la banda. El material más reciente que acaba de liberar Facundo con su productora es algo así como un experimento que él explica mucho mejor en una entrada de uno de sus tantos blogs. Básicamente, acaban de liberar un disco de título “Canciones Pegajosas 2″ (con lo cual queda claro que es la continuación de un proyecto anterior de las mismas características) con 5 temas de artistas que enviaron sus propias producciones y demos al estudio con la idea de grabarlas profesionalmente. Se hizo una selección de todo el material recibido y se llegó a producir estos 5 temas que ahora se pueden descargar libremente desde la web.
Personalmente, me encantan este tipo de iniciativas. La difusión de contenidos libres y con licencias permisivas (muy diferentes a las tan restrictivas a las que estamos acostumbrados) es algo que nos beneficia a todos, tanto a artistas y a productores de contenidos (de cualquier tamaño, notoriedad o popularidad) como a receptores y consumidores finales.
Prueben y denle una oportunidad a la música libre. ¡Que lo disfruten!
Enlaces:
Canciones Pegajosas 2
The Kyoto Connection
Baker Street Studio
Alternaria semanario (podcast)
Gracias al Guitar Hero III: Leyendas del Rock, juego súper adictivo que le recomiendo a cualquier amante de los videojuegos y de la música (es la combinación más que perfecta), descubrí un par de bandas nuevas que me habían pasado totalmente desapercibidas: Muse y Killswitch Engage, dos bandas con muy buen sonido. Cuando las descubrí, todavía no tenía una conexión decente a internet. Después de una mudanza quedé condenado al viejo y querido dial-up, situación que por suerte ya pude solucionar y que me devolvió la calma y la cordura. Así que en su momento, pedí a todo el mundo conocido y conectado a la red que me bajara algo de estas bandas.
Muse es una banda inglesa de rock electrónico / alternativo que suena poderosa y contundente. La mezcla de cadencias que puede haber en un sólo tema es impresionante. A mi gusto, está justo en el medio entre Coldplay y Tool. Sería la evolución genética si se diera una cruza entre esas otras dos bandas. La voz del cantante es de lo más trabajado y prolijo que pude escuchar en mucho tiempo y puede pasar desde lo más suave a lo más áspero en cuestión de segundos.
Killswitch Engage es una banda estadounidense de metalcore, con un sonido mucho más poderoso, cruza entre el metal más potente y el hardcore. Comparada con la banda anterior, es un sonido mucho más visceral. La voz es mucho más dura y áspera pero me gusta mucho la cadencia melódica que sale en algunos momentos de determinados temas.
Me encanta encontrar bandas nuevas así.
Un par de días atrás pude, por fin, escuchar el disco Medúlla de Björk que tenía archivado desde hacía bastante tiempo. Björk es uno de esos casos de artistas que amás u odías, no hay puntos medios. Esa voz y ese estilo tan particulares la pueden hacer algo cautivador o bien completamente molesto, dependiendo del gusto de cada uno. Conmigo tiene buena química y me gusta mucho casi todo lo que hace, aunque los últimos discos vienen siendo cada vez mas raros, raros, raros. Medúlla es uno de estos discos extraños y totalmente experimentales. Haciendo memoria, estos son los discos más raros, atípicos o como quieran llamarles, que tengo en mi colección. La definición de bizarro, en este caso, es algo muy personal y tiene que ver con la atonalidad de los temas, los ritmos indecifrables, las cadencias guturales, los timbres experimentales y muchos otros elementos que hacern que no sean temas que escuches muy seguido en la radio.
Los dos primeros artistas son de Islandia. Supongo que por allá todo debe ser muy extraño para los que lo vemos desde afuera y eso seguro condiciona bastante.
Me quedó un top 4. Cosa rara, ¿no?
Flashback (tipo Lost): Década del ’70. Panorama típico. Música disco a la vuelta de cada esquina. Radios, DJs, vinilos, LPs. Sobre el final se empieza a experimentar con algunos géneros nuevos y algo más pesados. Pero todavía la música disco da sus últimos coletazos e impone algunos hits, llegando a fusionarse en muchos casos con otros géneros como el rap y el hip-hop y creando resultados verdaderamente interesantes. Es en 1979 cuando los The Sugarhill Gang, un grupo de morochos americanos con acento bastante peculiar, rompe de nuevo todos los charts y deja otro clásico como legado para las generaciones por venir con su tema ‘Rapper”s Delight‘. Muchos kilómetros más al este, en España, en ese mismo año, un típico padre de familia le canta todas las noches a su pequeño hijo la canción del momento (la de Sugarhill, obviamente), antes de que se duerma. Por supuesto, él nunca aprendió inglés e ignora completamente el significado de la letra. Así que como puede, va pronunciando las palabras como mejor le salen.
Varias décadas más tarde. Apenas dos años en el pasado. El chico de la historia anterior, ya crecido, es ahora un conocidísimo rumbero andaluz. Escribe otro tema que entraría en los anales de la historia cantado por el grupo del momento en España. Lo escribe recordando esa canción que su padre siempre le cantaba cuando él era chico. Y, a pesar de que él sí sabe inglés y conoce la letra del tema original, lo pone tal cual lo escuchaba en su momento. El resultado, el alcance y difusión que el nuevo corte iba a tener, era inimaginable. Por lo general, un artista rara vez se da cuenta de cuándo está gestando un mega hit, por más malo o bueno que éste sea. Así nacía el ‘Aserejé’ de Las Ketchup, probablemente una de las cosas que jamás olvidaremos (de acá a varias décadas, seguramente) del 2004.
Al margen quedan todas las teorías sobre mensajes satánicos y esotéricos que se escucharon sobre ese estribillo que sonaba tan extraño. Al fin y al cabo no es más que una cuestión fonética.
Si miramos la letra de cada tema…:
1979 – Rapper’s Delight (The Sugarhill Gang)
I said a hip hop the hippie the hippie
to the hip hip hop, a you dont stop
the rock it to the bang bang boogie say up jumped the boogie
to the rhythm of the boogie, the beat2004 – Aserejé (Las Ketchup)
Aserejé, ja dejé tejebe tude jébere
sebiunouba majabi an de bugui an de buididipí
… a simple vista ya tienen una gran similitud.
Pero basta con escuchar el original y comparar.
Yo, como siempre, llego tarde. Pero por lo menos ahora ya puedo dormir tranquilo.