La Torre de Londinium

El futuro pertenece a Los Refutadores de Leyendas

El próximo 1° de diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha Contra el VIH / SIDA. y ya se va levantando de a poco el avispero en medios y blogs. Me acaban de pasar un meme relacionado a este tema que me da pie para hacer algunos comentarios sobre lo que pienso en cuanto a las campañas de lucha contra el SIDA en general.

No es por llevar la contra ni por criticar gratuitamente o hacer moralina de nada. Simplemente me parece que se pueden hacer muchísimas cosas con respoecto al VIH / SIDA como enfermedad, pero siempre teniendo en cuenta que es una cuestión muy de fondo. Tampoco lo digo desde un punto de vista talibán-fundamentalista-católico porque no creo que eso aporte nada productivo. Lo ideal es buscar soluciones desde una perspectiva crítica con respecto a lo que estamos haciendo sobre el asunto. No importa si sos adolescente, maduro, madurito, hetero, homo o budista protestante. Simplemente creo que la iniciativa debería ir por otro lado. Se trata de crear conciencia y no sólo a nivel enciclopédico: el VIH es una enfermedad venérea y bla, bla, bla. Eso es lo que repetimos casi mecánicamente junto con las demás fórmulas de “prevención” y contagio.

Por poner un ejemplo claro para que me entiendan: la campaña del “si no hay triki-triki no hay bang-bang” (no pongo un enlace al video porque no creo que aporte nada y se encuentra fácilmente por ahí) me parece una reverenda ca(r)gada. Sinceramente me da mucha pena que la prevención a nivel mediático se piense y se planifique de esa manera. Para colmo (y eso es lo peor) atrás de la campaña están el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, Naciones Unidas y la mar en coche. Supongo que la idea habrá sido llegar a un target adolescente / joven. Pero eso demuestra una vez más cuál es el concepto de juventud que se tiene a nivel institucional y gubernamental. No digo que me de vergüenza ajena (porque la vergüenza la tiene que asumir cada uno personalmente) pero sí me da mucha bronca ver que se gasten recursos (y no sólo materiales) en ese tipo de iniciativas. Además, me pareció una gran paradoja y una ironía ver referenciada la campaña en el blog de la iniciativa local por la lucha contra el SIDA (que es donde se inició este meme). Ojo, la bronca y la crítica no son para la iniciativa de ese blog en particular (que me parece muy buena) sino para este tipo de campañas de comunicación totalmente confusas que de alguna manera se viralizan y se masifican por el lado de lo anecdótico sin tener en cuenta ni el contenido ni el problema de fondo.

Es como decir: “cierto… los revólveres matan. Pero si todos salimos con chalecos anti-bala…”  No, no creo (repito) en las soluciones fáciles, mágicas e inmediatas. Creo que el SIDA es un gran estigma social que, como tal, tenemos que enfrentar conjuntamente. Y tenemos varios frentes de batalla: por un lado la aceptación y la no discriminación del enfermo (cosa que nos llevó muchísimo tiempo entender y poner en práctica) , la lucha contra la enfermedad misma (la vacuna parece estar siempre a un paso pero nunca termina de llegar, las drogas para el tratamiento de la enfermedad van mejorando pero son extremadamente caras), la prevención (que es en donde todos nos anotamos pero creo que es donde más le estamos errando). En fin, hay para elegir y mucho por andar. Pero tampoco se trata de colgarse una cinta roja porque sí, porque el SIDA es “malo” y hay que pelarlo y cualquier medio es válido.

Entonces, con el mismo criterio que se reparten preservativos por la calle deberíamos salir a repartir jeringas descartables o dar cursos sobre la esterilización de agujas. Son demasiados problemas juntos y cada uno tiene su complejidad y tendremos que descubrir la mejor forma de tratarlo.

Si, ya sé que no contesté el meme, pero por lo menos me saqué la vena.

Bueno… y basta. Porque ya me puse pesado.

Ya se puede ‘comprar’ K/X/Ubuntu!!

Era hora de que saliera algún servicio así en nuestra ciudad. Dado que es tan difícil conseguir gratuitamente distribuciones de Linux. Seguramente a la gente le cuesta mucho ingresar al sitio oficial de cada distribución para descargarla sin costo alguno. Y además, la demora en la descarga, los cortes… un verdadero infierno.

Es por eso que la gente de DistroRosario, muy amablemente, se encarga de recopilar varias distribuciones en CD y DVD y las ofrece en su tienda virtual, con carrito de compra incluido. Se pueden conseguir Debian, todos los sabores de Kubuntu, Ubuntu, Fedora Core (que ya va por su versión 8 pero ahí ofrecen la 6!), SuSE, Mandriva y también hay disponibles algunos juegos y otras piezas de software libre para su compra. Algo importante a tener en cuenta es que en ningún momento se aclara que son programas libres y de distribución gratuita y no figura por ningún lado un enlace a las páginas oficiales de cada distribución con la opción de descarga sin costo.

Dejando un poco de lado las ironías y el sarcasmo, me encontré con este sitio hoy por la mañana y me llamó muchísimo la atención. Varias cosas a tener en cuenta: todo lo que se ofrece en el sitio es software libre, se vende y los precios van desde los $7 para arriba, llegando incluso a $15 para distribuciones que ya han quedado desactualizadas, como Ubuntu 7.04 o Fedora Core 6. A pesar de que hay enlaces a otros sitios comunitarios, como la comunidad de Ubuntu-ar, no encontré por ningún lado referencias a la gente que está detrás del proyecto (el dominio está registrado por una persona con domicilio en Bahía Blanca!). Algunas secciones tienen formato blog (con feeds RSS incluidos), pero parecen ser un refrito de noticias de otras comunidades y weblogs sobre el tema (se ve que leen mucho Barrapunto y sitios afines). Ah… y además incluye las últimas noticias de Rosario 3 (toque muy localista e imprescindible, por cierto)

No creo que un servicio de venta de distribuciones en CD o DVD esté mal, pero todo depende de la forma en que se implemente. Hay que tener en cuenta que el software libre es lo que es por muchos motivos. La libertad que implica abarca muchos aspectos: apertura del código, distribución libre y sin costos, cero licencias, desarrollo abierto y comunitario. En fin, son muchísimas las características que hacen de una pieza de software algo libre. Pero una de ellas (sin llegar a ser la más importante) es la distribución sin costo alguno, por lo menos en lo que al software atañe. Esto deja un margen que podría justificarse como costo del medio en el que se distribuye el software, en este caso los CDs o los DVDs en los cuales se hagan las copias. Pero ese costo debería reflejar sólo el valor del medio físico. Y tomando en cuenta que un DVD virgen cuesta alrededor de $1,5, llegar a cobrar $7 por una copia en DVD de alguna distribución de Linux me parece no solamente un despropósito, sino una falta total de criterio con respecto a la filosofía del software libre que se intenta distribuir.

Algo a tener en cuenta es que muchas empresas que están detrás de una distribución de Linux ofrecen la venta de CDs y DVDs a los usuarios que así lo prefieran. Canoncial, por ejemplo, es la empresa detrás de Ubuntu y ofrece versiones comerciales que se encuentran disponibles en Amazon (por un precio de u$s 12) y en los sitios de sus distribuidores oficiales. En el caso de Argentina, el distribuidor oficial es Pentacorp, y ofrece copias del sistema operativo por $12. Estas compras no solamente incluyen el packaging original del producto (detalle menor si vamos al caso) sino que además le brindan al usuario que las adquiere un soporte adicional por parte de la empresa, soporte que no creo que ofrezcan las versiones que se compran en DistroRosario.

Poder acceder a copias en disco de todas estas distribuciones es una gran ventaja para mucha gente, sobre todo aquella que no cuenta con una conexión a internet para poder descargarlas. Creo que un servicio de este tipo, organizado por algún grupo o comunidad, y con un criterio muy diferente al de DistroRosario, puede llegar a ser muy útil si se piensa en beneficio de la expansión del software libre y de la mayor accesibilidad que se le podría dar a la gente a este tipo de tecnologías.

¿Hasta dónde debe llegar la protesta social y ciudadana?

Hace poco menos de dos semanas, el pasado 15 de noviembre, se vivió en nuestra ciudad uno de los temporales más extremos, extraños y memorables de los últimos tiempos que creo (y espero) no se volverá a repetir en el corto plazo. Fue una violenta tormenta de viento, granizo contundente y lluvia que no estamos acostumbrados a ver por estas latitudes. Según los informes oficiales que pude escuchar horas después se trató de lo que en meteorología se conoce como meteoro. El día había estado anunciando mal tiempo desde el comienzo pero, más allá de eso, no se emitió ningún tipo de alerta meteorológico por parte de los servicios climáticos locales. La tormenta en sí duró unos pocos minutos (algo más de 15 según recuerdo), pero ese lapso fue suficiente para que causara varios destrozos graves: caída de árboles, plantas y vegetación en general; rotura de vidrios, tanto en los departamentos y casa particulares como en autos estacionados y que circulaban por la vía pública en ese momento; abollones y golpes varios en una gran cantidad de automóviles; voladura y rotura de techos de chapa y fibrocemento (muy comunes en galpones, tinglados y viviendas de escasos recursos); caídas de palmas y columnas de diversos servicios (luz, teléfono, etc.); rotura de alumbrado público y semáforos; cortes y caídas de cables de tendido urbano, entre otros. También hubo que lamentar la pérdida de vidas humanas (pocas por suerte, pero pérdidas al fin), tanto por el efecto directo de la tormenta como por causas posteriores a la misma. Lamento no haber tenido a mano la cámara digital para hacer algunas tomas rápidas durante el temporal, pero la verdad es que la tormenta me tomó totalmente de imprevisto (como a todos) y lejos de casa.

Los daños alcanzaron a todos los sectores de la ciudad, aunque de forma irregular, ya que las zonas más marginadas los sufrieron con mayor intensidad. Las pérdidas materiales fueron cuantiosas y, según cifras oficiales,  se calcula que el costo total de reparación, asistencia y saneamiento ascendería a algo más de 210 millones de pesos, monto que en principio me pareció algo exagerado pero probablemente sea por mi escasa capacidad para imaginarme el problema a mayor escala. Es muy fácil recuperarse de un evento como este cuando los daños son algunos vidrios rotos, un árbol caído frente a casa o algunos abollones en el auto. La situación se complica infinitamente cuando lo que falta es el techo, cuando la casa familiar ha quedado total o parcialmente expuesta a la lluvia, cuando el agua sube desde el piso y alcanza varios centímetros de altura. Y esta es la situación que creo se vivió durante las primeras horas (e incluso días) de transcurrido el temporal en muchas viviendas periféricas de la ciudad, ocupadas en su mayoría por familias que viven en la pobreza e incluso en la indigencia.

Esta situación llevó a que muchos sectores sociales expresaran su malestar y se manifestaran de una manera que ya es muy bien conocida por todos los argentinos. Se establecieron diversos piquetes en diferentes puntos de acceso y cruces clave de nuestra ciudad, incapacitando la circulación del tránsito y obligando a un gran número de vehículos de todo tipo a buscar vías alternativas para llegar a destino. El piquete en sí es una forma de protesta que, a pesar de que creo que trastorna el normal funcionamiento de una ciudad entera o de una vía de tránsito a escala general, alcanza niveles de atención mucho más contundentes que cualquier otro tipo de movilización. La discusión de si la protesta está bien orientada o no, por el hecho de que afecte al común de la ciudadanía y no esté dirigida directamente a gobernantes, funcionarios y afines, va más allá de lo objetivos que cada uno de nosotros pueda ser. Es cierto que todos nos quejamos ante este tipo de manifestaciones porque nos afecta más directamente a nosotros que a los que podrían o deberían prestar soluciones, y que genera un clima de tensión que muchas veces puede derivar en situaciones mucho más violentas que nos enfrentan entre nosotros mismos, siendo diferentes sectores de un mismo grupo social. Pero ante lo desapercibido que pasan muchos otros medios de protesta como las marchas y los escraches, esta es una forma de hacer que el malestar de un grupo se propague a unos muchos. Y es de esta manera que los dirigentes vuelven su atención para tratar de aliviar una situación amenazante en todo sentido. ¿Qué nos quedó del cacerolazo? ¿Qué otro recuerdo tenemos más allá de lo anecdótico y del pesar de miles de ahorristas a los que nunca se les devolvió su dinero? Ante este tipo de respuestas “oficiales” no hay muchas alternativas diplomáticas a la hora de patalear. Hay que hacerse escuchar. Y para eso hay que gritar muy fuerte.

Hasta acá todo bien. Es tolerable mi retraso, mi bronca (y la de muchos) si son fruto del reclamo de un sector que, a través de este medio, puede llegar a encontrar una respuesta. Muchas veces este es el único medio para que aparezca la solución a determinados problemas. Está de más decir que esta idea no anula la bronca, sino que la atenúa. Supongo que eso es normal y de ninguna manera invalida el reclamo.

Pero ¿cuál es el parámetro para determinar la legitimidad de una protesta de esta magnitud? No me parece un punto menor, ya que el nivel de trastorno que causa tiene un alcance realmente importante. Estamos hablando de toda una ciudad afectada. Y de nuevo hay que recordar lo difícil que es ser objetivo en el asunto. ¿Se podría determinar un nivel de representatividad basado en la cantidad de participantes? Supongo que sí, que esta relación directa es lo primero que se nos viene a la cabeza. En este caso en particular, al reclamos por las daños materiales causados durante la tormenta, se están agregando otros pedidos que surgen de carencias y faltas existentes desde antes, arrastrados por una situación social que nada tiene que ver con el hecho puntual en particular. Se genera así un resentimiento basado en la incapacidad mostrada por resolver estos otros problemas de fondo, cuando la intensión original del pedido abarcaba puntos más inmediatos. No digo que esta situación de malestar no sea subsanable ni que tenga que ser pasada por alto. Pero la mezcla de reclamos no hace más que enturbiar el panorama, generando reacciones negativas por parte del resto de los ciudadanos (que lo vemos desde afuera) ante este tipo de manifestaciones que en otros casos creo que sí son sustentables.

Vuelvo a decir que es necesario hacerse escuchar. Y para eso hay que gritar bien fuerte. Pero hay que tener en cuenta un principio activo básico y necesario para toda convivencia social: de ninguna manera el fin justifica los medios. El derecho de los demás debe ser respetado. El sacrificio es algo a lo que muchos estamos dispuesto si es justificable. Pero no puede reclamarse justicia si se sobre-explotación la demanda social en base a intereses personales o de grupos partidarios.

El postre

Si hay algo que me incomoda es la gente que come la fruta con cuchillo y tenedor. ¿Hay algo más incómodo y exótico que pelar e ingerir una banana de esta forma? De todas maneras este fin de semana me tuve que acostumbrar.

No tienen vergüenza

El isologo del Congreso de la Lengua es una burla.

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