Hoy celebramos 25 años de democracia ininterrumpida en la Argentina. El 10 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín asumía como presidente electo por la mayoría de los argentinos para terminar con 8 años de la peor dictadura militar que le tocó sufrir a los argentinos. Es, además, el período más largo de gobierno libre y democrático en nuestro país hasta el momento y esperemos que siga así por mucho tiempo. Esperamos que no haya que festejar otra vuelta a la democracia. Se le pueden hacer mil reproches a la democracia como sistema de gobierno, sobre todo en los países de latinoamérica en donde la autonomía, la libertad parecen estar sumidas a intereses externos. Yo era muy chico cuando Alfonsí juraba ante las cámaras en 1983, al asumir su mandato. Tengo un recuerdo muy lejano del momento que, seguramente, no se compara con la vivencia de los que sufrieron a flor de piel la represión y los efectos de un gobierno militar. Hoy en día la posibilidad de un golpe de estado parece remota y hasta imposible. Pero siempre es mejor tener memoria sobre ciertos hechos históricos que no queremos volver a sufrir como sociedad.
Cosas que seguramente no podríamos estar haciendo si no fuera en democracia:
Parecen cosas bastante básicas. Pero son esas las que más se extrañan cuando se pierden. Sin hacer apología de nada, creo que es mejor pasarla mal de esta manera que en manos de unos cuántos dictadores de turno.
Para tener en cuenta cada vez que a uno le corre un frío por las venas cuando escucha las típicas frases del tipo: “con los militares se estaba mejor”, “acá lo que nos hace falta es mano dura”, “los desaparecidos fueron mucho menos de 30.000″
A lo largo de cien capítulos se establece la cantidad de adrenalina que produce un individuo antes de ser vacunado, el volumen que alcanzan las lágrimas de una madre a lo largo de su vida, la cantidad de cera que lleva en sus oídos el conjunto de habitantes de la ciudad de Buenos Aires (suficiente al parecer para lustrar todos los pisos del edificio de Obras Sanitarias), y la energía que se consume en un suspiro.
Algunos datos producen indignación en las almas sencillas: para esta gente la novela Madame Bovary consiste en una cierta mezcla de medio kilo de papel y un cuarto litro de tinta.
Crónicas del Ángel Gris
Alejandro Dolina
Y sí… el futuro pertenece a los Refutadores de Leyendas.
Esta mañana venía escuchando el programa de Marcelo Fernández por radio Fisherton/CNN (sí, lo traicioné por un rato a Pablo Franza en Radiofónica, a veces hago zapping radial) donde leyeron un texto del filósofo español Julian Marías, que de una manera bastante directa y de a ratos algo dura, trata de pintar un boceto del argentino promedio. Me hizo reir mucho con algunas frases tiradas así a sangre fría, pero que no dejan de ser muy reales y en las que uno se identifica instantáneamente.
Por ejemplo:
Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema.
Y también:
Los argentinos son italianos que hablan en español. Pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses. Dicen discursos franceses y votan como senegaleses. Piensan como zurdos y viven como burgueses. Alaban el emprendimiento canadiense y tienen una organización boliviana. Admiran el orden suizo y practican un desorden tunecino.
A pesar de que creo que está basado en el estereotipo “aporteñado” que se tiene del argentino, es uno de esos textos que se escriben en tono de broma pero que son la expresión más coloquial y sincera de la pura realidad. Para entender un problema, una realidad, a veces no hay mejor perspectiva que la del que ve las cosas desde afuera. Supongo que es por eso que pedimos concejo a algún amigo para tratar de buscarle la vuelta a algunos de nuestros problemas.
Dejo el texto completo para todo el que quiera profundizar un poco más en el estudio de ese misterio que es el ser argentino.
Los argentinos según el filósofo español Julián Marías
Los argentinos beben en una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto -el tango- y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas. Ellos mismos no se conocen.
Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y también al curandero todo al mismo tiempo.Tratan a Dios como “El Barba” y se mofan de los ritos religiosos, aunque los presidentes no se pierden un Tedeum en la Catedral.
No renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones.¡No discutáis con ellos jamás! ¡Los argentinos nacen con sabiduría inmanente! Saben y opinan de todo. En una mesa de café y en programas de periodistas/políticos arreglan todo. Cuando los argentinos viajan, todo lo comparan con Buenos Aires. Hermanos, ellos son “El Pueblo Elegido”…por ellos mismos.
Individualmente, se caracterizan por su simpatía y su inteligencia. En grupo son insoportables por su griterío y apasionamiento. Cada uno es un genio y los genios no se llevan bien entre ellos; por eso es fácil reunirlos, pero unirlos… imposible.
Un argentino es capaz de lograr todo en el mundo, menos el aplauso de otros argentinos.
No le habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura.Los argentinos son hiperbólicos y desmesurados, van de un extremo a otro con sus opiniones y sus acciones.
Cuando discuten no dicen: “no estoy de acuerdo”, sino: “Usted esta absolutamente equivocado”.
Aman tanto la contradicción que llaman “Bárbara” a una mujer linda; a un erudito lo bautizan “Bestia”, a un mero futbolista “Genio” y cuando manifiestan extrema amistad te califican de “Boludo”. Y si el afecto y confianza es mucho más grande, “Eres un Hijo de Puta”.
Cuando alguien les pide un favor no dicen simplemente “Si”, sino “Como No”. Son el único pueblo del mundo que comienza sus frases con la palabra NO. Cuando alguien les agradece, dicen: “NO, de nada” o “NO”… con una sonrisa.
Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema.
Cualquier argentino dirá que sabe como se debe pagar la deuda externa, enderezar a los militares, aconsejar al resto de América Latina, disminuir el hambre de África y enseñar economía en USA.Los argentinos tienen metáforas para referirse a lo común con palabras extrañas. Por ejemplo, a un aumento de sueldos le llaman… “Rebalanceo de Ingresos”, a un incremento de impuestos… “Modificación de la Base Imponible” y a una simple devaluación… “Una Variación Brusca del Tipo de Cambio”.
Un Plan Económico es siempre… “Un Plan de Ajuste” y a una Operación Financiera de Especulación la denominan… “Bicicleta”.
Viven, como dijo Ortega y Gasset, una permanente disociación entre la imagen que tienen de si mismos y la realidad. Tienen un altísimo número de psicólogos y psiquiatras y se ufanan de estar siempre al tanto de la última terapia.
Tienen un tremendo súper ego, pero no se lo mencionen porque se desestabilizan y entran en crisis.
Tienen un espantoso temor al ridículo, pero se describen a si mismo como liberados. Son prejuiciosos, pero creen ser amplios, generosos y tolerantes. Son racistas al punto de hablar de…”Negros o Judíos de mierda” o “cabecitas negras”.Los argentinos son italianos que hablan en español. Pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses. Dicen discursos franceses y votan como senegaleses. Piensan como zurdos y viven como burgueses. Alaban el emprendimiento canadiense y tienen una organización boliviana. Admiran el orden suizo y practican un desorden tunecino.
Son un misterio, son argentinos
Un humilde homenaje parafraseando a un grande.
En España se han generado, desde hace tiempo, un debate y una lucha muy agitados acerca de los derechos de autor y la libre distribución de la cultura en la era digital. Hay diferencias muy claras en cuanto a lo que es y lo que debería ser la cultura y el arte y su distribución social en la era tecnológica en la que nos toca vivir. Hay planteamientos muy fuertes y bandos bien diferenciados: por un lado están los que controlan los derechos de difusión de la mayor parte de los contenidos culturales que la sociedad consume y por el otro los consumidores directos de dichos contenidos. Y las diferencias de conceptos son marcadísimas. Se habla de diferencias conceptuales generacionales, de intereses puramente comerciales, de utilizar la excusa de la protección del artista y de la cultura como máscara para, en realidad, proteger intereses conómicos. Se habla de muchas cosas. Y se hacen muchas otras desde ambas partes.
En muchos otros países de Europa y del mundo existe lo que se denomina el ‘canon digital’, algo así como un impuesto a todos los medios que posibilitan la copia de material con algún tipo de derecho de autor. Los artículos sujetos al canon son de lo más variados: desde CDs y DVDs vírgenes pasando por todo tipo de soporte que permita la copia digital de material con copyright, tarjetas de memorias, discos rígidos y hasta escáneres e impresoras. De esta manera se busca compensar por las posibles copias que se pudieran hacer con estos medios de obras protegidas por el derecho de autor, compensando de esta manera el perjuicio que esto generaría a sus autores. El debate está servido desde hace tiempo. Y hay serias dudas de que este tipo de campañas, apoyadas por entidades de gestión colectiva (la RIAA en USA, SGAE en España, SADAIC en Argentina y muchas otras en todo el mundo) busquen verdaderamente proteger al artista y de que los fondos recaudados por estas imposiciones vayan a donde deberían. En Argentina todo llega tarde, pero termina llegando. Hace poco corrieron rumores acerca de la implantación de un impuesto (llamarlo canon es algo mucho más diplomático) similar al europeo en nuestro país.
El concepto de este “canon” es bastante irónico y paradójico en sí: por un lado, se cobra a los usuarios finales de este tipo de medios por el posible perjuicio generado al artista, pero por el otro, se persigue y se trata de sancionar (por lo menos por vías civiles, ya que la copia privada está muy lejos de ser delito) a los que dupliquen contenidos protegidos. Se mete a todo el mundo en la misma bolsa de “piratas” cuando, en realidad, la piratería cultural y la copia provada son cosas claramente distintas.
Cuando todo parece agotarse y los recursos para limitar la distribución de este tipo de contenidos, muy facilitada por la penetración de internet y la forma en la que la sociedad la utiliza, los mercados se tambalean y se recurre a soluciones extremas que atentan contra todo tipo de libertades sociales. Se proyecta y se implementa el monitoreo de las transferencias en internet. Con la excusa de las descargas de contenidos ilegales se controla absolutamente todo. Se escruta, se intimida y se persigue a los usuarios por hacer uso de un servicio por el que pagan. En estas cuestiones, los límites parecen no estar del todo claros. Hay amplios vacíos legales, sobre todo en nuestro país.
La copia privada o, para decirlo en términos más cordiales, el derecho que todos tenemos de copiar y compartir contenidos culturales en forma libre siempre y cuando no haya ánimo de lucro o beneficio económico de por medio, es otro gran debate con posturas muy encontradas. Pero en casi todo el mundo, según diferentes legislaciones y salvando diferencias puntuales, todos tenemos derecho a la copia privada y esta no es una actividad ilegal o ilícita que pueda ser penada por la ley.
Pero una de las muchas ventajas que nos da internet (al ser libre y no estar controlada) es la posibilidad que nos brinda de aunar intereses y formar comunidades que busquen un fin práctico común. Por ejemplo, Exgae (un movimiento que surge en España y que es digno de imitar) busca proteger a la sociedad, a la comunidad de usuarios de internet y al individuo en general ante eventuales intentos de coartar la difusión cultural en pro del beneficio económico.
Y es que, muchas veces, se llega a extremos casi impensados pero que finalmente son avalados por el gobierno de turno (por lobby, desconocimiento, corrupción y demás) y se crean e imponen leyes totalmente autoritarias e irrisorias, que sólo pueden ser razonables para unos pocos beneficiados, pero que estan muy lejos de beneficiar a la mayoría. De un día para otro internet, esta gran herramienta con la que contamos, capaz de cambiar la forma en la que nos comunicamos, interactuamos y pensamos, capaz de transformar la sociedad y los mercados de forma inimaginada hasta hace tan sólo unos pocos años; puede dejar de ser ese territorio libre y autárquico en el que nos movemos.
Hace unos días publicaron una especie de manifiesto en respuesta a otro publicado por la coalición española de entidades de gestión. Sus 7 puntos son los siguientes (las negritas son mías):