La Torre de Londinium

Plantar un libro, escribir un hijo, tener un blog

Fotografía cotidiana

La gente ya toma fotografías como algo normal de cada día; ya no es algo que se reserva para los eventos especiales, como ocurría en los 70. Todos los días te comunicas con fotografías.

Steven J. Sasson
Empleado de Kodak y creador de la primera “cámara fotográfica sin película” allá por la década del ’70

La evolución de los motores de búsqueda

Hace unos días circuló una noticia por toda la blogocosa sobre la relevancia de los motores de búsqueda más conocidos y utilizados en USA (según un estudio de la compañía de investigación de mercado ComScore). Sería interesante ver estudios y estadísticas similares a nivel global, aunque supongo que las tendencias y los números deben ser bastante parecidos. El dato (que en realidad no sorprende demasiado después de todo) es que Google se lleva casi el 60% de las búsquedas que se realizan en internet (un 58,5% para ser más exacto). Yahoo! ocupa el segundo lugar apenas superando el 20% de las búsquedas (una diferencia más que considerable con el primer puesto) y el tercer lugar queda para Live Search de Microsoft con apenas un 9,7% de participación. En el informe también se menciona a Ask.com y al servicio de búsqueda de AOL / Time Warner (ofrece búsquedas mejoradas por Google !!), que quedan muy por debajo.

Es impresionante ver a lo que llegó Google en tan poco tiempo, la participación que tiene en el mercado de las búsquedas en internet, la cantidad de herramientas que desarrolló en los últimos años (todas con una filosofía bastante abierta), los estándares que fue imponiendo (PageRank, AdSense, AdWords), los nuevos mercados que abrió en cuanto a publicidad en línea, las nuevas áreas que se fueron creando a su alrededor (últimamente escucho SEO por todos lados)

Es innegable que fue un proyecto visionario, tratando de hacer su entrada en un mercado que ya parecía definido y tenía sus monstruos: Altavista (¿alguien se acuerda?), Yahoo! , Lycos, Excite. En un mundo donde todos parecían iguales, llegaron con sus “mágicos algoritmos de búsqueda” para cambiar todos los esquemas concidos. Y la diferencia que aportaban era sencilla: un buscador que funcionaba rápido y en serio.

En mi caso, conocí Google allá por el ’99 en la casa de un amigo mientras intentábamos encontrar información sobre algunos productos. Él me comentó: “¿Probaste con  ése otro buscador? Anda muy bien” Yo le dije: “Ah sí, Google. Lo vi un par de veces por ahí”. En ese momento asociaba el nombre del buscador al término “goggles” (que en inglés serían algo así como las gafas de seguridad o las de buceo). Bastante lejos del motivo original del nombre. En el fondo pensaba que de alguna manera todos los buscadores eran iguales, que indexaban de la misma forma, que hasta compartían ídices y datos y que los resultadas variaban muy poco de uno a otro.

Mi evolución personal en el uso de buscadores fue más o menos así:

  1. Altavista
  2. Hotbot (que en su momento me parecía genial y me daba muy buenos resultados)
  3. Google

Y sí… es obvio que Google llegó pisando fuerte y para quedarse. Y que poco a poco fue desbancando a unos cuantos. Si me pongo a pensar… ¿cuántas veces escribo la dirección de Google en mi navegador por día? Unas cuantas, por ejemplo, solamente para buscar algunos datos para esta entrada.

Parrillada

Desde hace varias semanas me tomé la costumbre de hacer un asadito todos los sábados al mediodía. Por ahora la cosa es bastante controlada porque somos pocos los comensales y por lo tanto no es un gran asado. Solamente un par de kilos de carne alcanzan para todos. De todas maneras me pasa lo mismo de siempre: soy bastante indeciso con el tema del fuego, de cuánto carbón me hará falta en total y siempre tengo la sensación de que me voy a quedar sin brasas sobre el final.

Por suerte, hasta ahora le vengo calculando bastante bien y siempre llego con lo justo. Supongo que es cuestión de suerte. Estuve buscando datos para ver si encontraba alguna medida precisa o “fórmula matemática” para calcular la cantidad de carbón, así dejo de especular con mi sentido común para pasar a alguna magnitud numérica obtenida en base a la cantidad de carne o al número de invitados (que al fin y al cabo vendría a ser lo mismo), pero hasta ahora no encontré nada.

Supongo que no debe haber una fórmula. Al fin de cuentas debe ser algo así como un instinto que desarrolla todo asador experimentado (que no es mi caso por ahora) con el correr de los años. Habrá que saber esperar y sobrevivir a la duda.

El postre

Si hay algo que me incomoda es la gente que come la fruta con cuchillo y tenedor. ¿Hay algo más incómodo y exótico que pelar e ingerir una banana de esta forma? De todas maneras este fin de semana me tuve que acostumbrar.

Vaca te queremos…

Definitivamente me hice adicto a las Criollitas Lacteadas®. No puedo pensar en otra cosa para comer durante mis horas de trabajo y, sinceramente, son una muy buena compañía para el mate (en cualquiera de sus variantes) Y es que mi paladar no había encontrado hasta ahora nada que se acercara tanto a sus pretensiones. En realidad soy bastante adicto al producto original y a todos sus derivados. Y esta es como una versión empaquetada, compacta y mucho más portable. El gusto es exquisito y muy suave, sutil, algo saladito. No sé si es idea mía pero en realidad creo que puedo sentir claramente el gusto a leche cada vez que me llevo un bocado. Son tiernas, se deshacen lentamente.

El promedio aproximado de consumo es de un (1) paquete por día. Lo abro a media mañana y me dura hasta muy entrada la tarde. Lo voy comiendo de a poco, muy despacio, paladeando cada bocado.
Las consigo en promo en packs de a dos (2) por un buen precio, cosa que me alivia bastante el presupuesto y me ahorra idas y venidas para tener que comprarlas.

El único inconveniente que le encuentro al producto es que no viene con la famosa bandita o “tirita roja” para abrirlo. Esa que, tirando, desprende suvemente el extremo superior del paquete de celofán para que quede al descubierto el contenido neto encerrado en su interior. Así que hay que arreglárselas tironeando un poco las juntas del paquete con los dedos, tratando de no ser demasiado bruscos (ante la ansiedad del consumo) como para que al abrirse el paquete no salgan desparramadas todas las galletitas. Si cuidaran este mínimo detalle el producto sería per-fec-to. Como consumidor compulsivo creo que tengo derecho a llamar a Atención al Cliente y hacerles la sugerencia de incorporarlo.

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