Es impresionante la cantidad de llamados telefónicos que tengo que hacer por día últimamente. Había tomado el hábito de anotarlos en mi agenda, pero me fui quedando sin hojas y ahora ya no tengo donde anotar. Así que trato de apelar a mi buena memoria. Encima no puedo llamar directamente desde mi trabajo sino que tengo que pasar por la recepcionista para pedir el llamado, cosa que hace más incómodo y lento el proceso. Si los dejo para última hora, tengo en la cabeza todo el tiempo la idea de que voy a olvidarme o de que no voy a encontrar a las personas con las que tengo que hablar. Y esa idea me carcome el cerebro. En realidad me gustaría hacerlos cuanto antes así voy cerrando asuntos y aclarando cosas, pero mi rutina de trabajo en general no me deja levantarma y llegar hasta el teléfono. Es bastante molesto. Así que si alguien quiere hacerme un regalo, me vendría más que bien un manos libres. Por ahora celular ni hablar. Además no me llevo bien con esos aparatos. No porque no me gusten o sean complicados, sino porque me parecen una molestia más grande que el hecho de tener que llamar a varias personas desde un teléfono fijo.