Hace unos días habilité mi tumbleblog. Para los que escuchan la palabra por primera vez, les cuento que un tumbleblog es algo así como un micro-blog, con entradas más compactas, livianas y fáciles de escribir y digerir. A veces, las entradas no pasan de ser un simple enlace, una imagen o un video que llaman la atención. En mi caso particular, me sirve como repositorio para ir agendando material de todo tipo que, de alguna manera, llega a parecerme interesante y hasta divertido. Pero no quería dejar de compartirlo.
Pueden visitarlo en caralimon.tumblr.com
Para los interesados, Tumblr ofrece una excelente plataforma y una manera sencilla de habilitar un tumbleblog en cuestión de minutos y con tan sólo un par de clics. Además, ofrece herramientas para todos los navegadores y para varios teléfonos móviles que facilitan enormemente la publicación.
Este fin de semana tuve la suerte de poder reencontrarme con algunos viejos compañeros del colegio secundario, gente que uno quiere mucho pero que, a pesar de todo y por las complicaciones diarias, ve muy de vez en cuando. Algunos de ellos han estado dando vueltas por el mundo y a otros les han pasado cosas bastante fuertes (me incluyo) que seguramente nunca van a olvidar en sus vidas. Por suerte todos seguimos de este “lado” y podemos volver a encontrarnos cada tanto, más allá de las complicaciones de agenda. Asadito y vino de por medio (es increíble lo que te puede llegar a costar un asado en una parrilla en Argentina, siendo que tenemos vacas hasta en el patio), pasó lo que tenía que pasar. Anécdotas y recuerdos de las buenas épocas (no es que las actuales sean malas, pero la etapa de la adolescencia y del colegio es muy especial, sin dudas), sorpresa al descubrir “lo que es de la vida de fulano”, fotos, historias… un montón de historias. Y casi todas de las buenas
De la reunión me llevé un montón de sensaciones mezcladas, algunas casi adolescentes. Nostalgia, una seguidilla de fotos mentales. La sensación de estar recorriendo un camino, un muy buen camino, y de no estar sólo en el viaje. Las piedras en el camino no son más que eso. Y la certeza de que los amigos son para siempre. Cursi pero cierto.
Ah… y la promesa de recuperar esas fotos viejas de aquellos “años dorados” y escanearlas (somos de la era analógica, del rollo y el rewind) para compartir.
Después de varias semanas (fines de semana en realidad, según lo fue permitiendo el trabajo) de refacciones generales en lo que va a ser la próxima pieza de mis hijos, ya está todo listo para la gran mudanza gran a la nueva casa.
En realidad, la movida no es tan grande después de todo porque la casa ya está completamente equipada. Lo que nos llevamos son algunas cosas nuestras que queremos conservar, algunas otras sin las que no podemos vivir, otras a las que ya estamos demasiado acostumbrados… en fin, uno siempre busca excusas para no terminar de desprenderse del todo. Supongo que aprovecharemos para hacer limpieza de pertenencias en general y llevar sólo lo estrictamente necesario.
Ya estamos bastante impacientes con el asunto de la mudanza. Como se demoró más de lo esperado por los arreglos en la habitación de los chicos y por la noticia (notición) de que vamos a ser padres por tercera vez (con lo cual la pieza que estuvimos refaccionando ya nos va a quedar chica de acá a un tiempo
), ya se nos estaba haciendo eterno y no veíamos la hora de empezar.
Por suerte, ya están todos los detalles arreglados como para largar este fin de semana. Esta va a ser mi primer mudanza a gran escala, así que voy a enterarme de qué tan traumáticas son estas cosas. Van a ser semanas de mucha paciencia hasta que estemos completamente instalados y terminemos de ordenar todo. Y supongo que en el transcurso encontraremos muchas cosas que creíamos que habíamos perdido!
Espero poder tomarme el tiempo para bajar un poco las revoluciones y disfrutar del cambio de escenario. Tengo muchas ganas de aprovechar para hacer unas buenas fotos del lugar y sus alrededores. Incluso ya tengo en vista algunas tomas. Será cuestión de ver si me salen…
Actualización 04/12: al final nos demoramos unas semanitas más. Pero por suerte y desde ayer ya estamos “acomodados” en la nueva casa. Aunque lo de acomodados es una forma de decir porque todavía hay cajas y muebles a medio ubicar por todos lados. No fue tan trágico después de todo, aunque espero no tener que repetir la experiencia por lo menos hasta dentro de varios años. Será cuestión de tomarnos las cosas con mucha paciencia e ir ordanando todo de a poco.
El fin de semana pasado nos hicimos una escapada al campo, literalmente. Y fue uno de esos momentos casi mágicos en los que me arrepentí terriblemente de no haber cargado la cámara de fotos. La escapada fue improvisada de un momento para otro y no duró más de 40 minutos. La idea era ir a visitar a un tío (hermano de mi abuela) que pasó toda su vida en el campo. Estábamos muy cerca del lugar, teníamos muchas ganas de verlo y él no se está sintiendo muy bien últimamente.
Apenas cruzando la ruta 14 empiezan los caminos de tierra que se van metiendo de a poco y serpenteando en la zona de campo, cultivo y cría de animales. La mezcla de colores, de diferentes cultivos, los animales pastando, los caminos de tierra que iban dejando una estela difusa atrás nuestro, los pájaros, las frondas, los setos, la música que sonaba en ese momento en la radio, todo eso coloreado por un atardecer bien rojizo con nubes pesadas y gruesas desparramadas por un cielo tranquilo, me generaron una sensación casi sublime, casi fílmica, muy difícil de explicar. Era todo un placer estar cruzando por esos caminos.
Supongo que el contraste con el paisaje urbano al que estoy acostumbrado normalmente también influyó bastante en ese momento. Todo el conjunto me inspiró una especie de “nostalgia” y muchísimo respeto por la vida en el campo. Pensar que todos los días ese es tu paisaje, tu lugar, tu entorno de trabajo y de convivencia, más allá de todas las complicaciones y limitaciones que eso mismo supone.
El lugar se conoce entre la gente como “Campo Loma Verde”. Queda en el pueblo de Soldini (a unos 15 kilómetros de la ciudad de Rosario) a donde nos estaremos mudando en unas semanas más si todo sale según los planes. La mudanza la venimos planeando desde hace más de 4 meses y posponiendo por motivos diversos (entre ellos la noticia de nuestro tercer embarazo, tercer hijo en camino). Lo último que quedaba por hacer en la casa ya está terminado así que ya no tenemos excusas para demorarnos, salvo imprevistos.
La casa es un lugar hermoso. Era de mis abuelos y tiene un patio enorme que seguramente nos tomará tiempo y esmero mantener para que lo puedan disfrutar mis hijos. Pero vale mucho la pena. Es un pueblo muy tranquilo y lo conozco desde que era muy chico. Íbamos muy seguido a pasar los fines de semana a la casa de mis abuelos maternos, a los que estoy extrañando desde hace unos pocos meses.
Seguramente, ellos estarán muy contentos de que ahora nos vayamos para allá. Y, a pesar de que sé que al principio nos va a costar un poco adaptarnos por varios motivos, nosotros estamos muy ansiosos, agradecidos y orgullosos de poder irnos a vivir a la casa que mi abuelo construyó con sus mismísimas manos.
Como está muy próximo mi cumpleaños número 30, la semana pasada me agarró algo muy parecido a un “antojo” y no traté de contenerlo en lo más mínimo. Apenas salí del trabajo fui derecho a la primera librería que se me cruzó por la cabeza (una que está justo a la vuelta) y decidí sacarme las ganas con un libro del que hacía mucho venía leyendo comentarios por ahí y que hacía rato que tenía ganas de conseguir. No digo de leer, porque la cola de libros que tengo pendientes de lectura es bastante larga para mi ritmo actual de lectura. Pero supongo que lo voy a acomodar en el medio de algunos otros porque es una novela bastante corta.
Fue bastante curioso, porque entré a la librería con la idea de preguntarle directamente a alguno de los empleados por el libro pero cuando llegué hasta el final del local vi que había una batea con libros clásicos (y otros no tanto) en oferta. Y me llevé una sorpresa muy grata cuando vi que tenían una buena pila del que yo justo estaba buscando. Así que me ahorré la consulta y agarré una copia. Curioseando un poco entre los demás libros que había en la misma mesa, de los cualés no todos eran de una temática afín, encontré otros dos que también me había quedado con ganas de comprar en alguna otra oportunidad. Así que, como estaban todos a muy buen precio, no lo dudé demasiado y me los llevé los tres.
Ah… además compré un libro de lectura infantil para mi hijo más grande, supongo que para no sentirme tan mal de comprar solamente algo para mí.
Los nuevos libros que se agregan a mi humilde pero creciente (se aceptan donaciones y regalos) biblioteca son:
Apenas termine con mi lectura actual supongo que le haré un lugarcito a 1984, que fue el que motivó mi escapada a la librería. No sé por qué, porque conozco la trama muy por encima, pero la segunda parte del juego Half Life me hizo acrodar mucho a este libro.
En cuanto a “Un Mundo Feliz”: Brave New Wolrd es el título original del libro en inglés, pedazo de disco de Iron Maiden. Demasiadas cosas buenas juntas.
La tercera novela, “El Señor de las Moscas”, es una historia de post-guerra sobre un grupo de chicos que se pierde en una isla después de un accidente de avión. Salvando las diferencias en la trama y las épocas me crea un clima Lost que me seduce demasiado. De la película que se hizo en 1990 (con Harrison Ford) tengo vistas solamente un par de secuencias sueltas que espero no me condicionen demasiado la lectura.
Es genial que se puedan conseguir libros tan baratos. Obviamente se trata de ediciones económicas y no tan lujosas como otras, pero cuando lo que importa es el texto, todo lo que encarezca el producto creo que está de más. Creo que la industria de la música debería tomar como ejemplo este concepto de la industria literaria: el hecho de que haya diferentes tipos de edición de una misma obra, cubriendo las distintas pretensiones de cada lector. Si realmente me gusta un autor o una obra, es razonable que me compra una muy buena edición. Pero si lo que quiero es algo más accesible no tengo por qué gastarme un dineral. Es cierto que en cuanto a CDs y DVDs de música existen las ediciones coleccionables, que son mucho mas caras y tienen (o deberían tener) material extra y mejor calidad en algunos elementos. Pero no existe algo así como una edición “realmente” económica de un disco.
Así que ya saben: si me quieren regalar algo… mejor un libro.