Un top 5 de las aplicaciones (tanto web como de escritorio) que más uso en el día a día laboral (y no tanto). Aquellas piezas de software que nos hacen la existencia mucho más fácil y sin las cuales un sólo día sería todo un infierno.
En la web:
A excepción de Twitter, podría decirse que toda mi vida online depende de Google. Y la verdad es que no me genera ningún tipo de paranoia!
En el escritorio:
Tanto en casa como en el trabajo.
Al margen de otras aplicaciones específicas de lo que hago en mi trabajo, esas son las imprescindibles, las de fierro, las de todos los días, no importa el qué ni el cómo ni el cuándo.
Si quieren tomar esto como un “meme”, ningún problema. Se lo paso al que lo quiera y sin la obligación de hacer una descripción de cada aplicación. Con el listado basta y sobra.
Casi 6 meses sin escribir nada por acá. Eso sí que son unas buenas vacaciones. Según algunos, para que un blog sea considerado inactivo o muerto deben haber pasado al menos esa cantidad de meses desde la última entrada publicada. Y casi. No es que este post sea forzado para que no se llegue a cumplir esa regla, pero…
Hoy es el cumple de Matías, mi hijo más chico. Es un cumpleaños muy especial porque es su primer añito. Es impresionante verlo crecer todos los días un poco más.
La fecha de su cumpleaños coincide con la de los cumpleaños de algunos otros conocidos, pariente y amigos. A partir de ahora ya no tengo excusa para olvidarme de esos cumpleaños paralelos al de Matías.
Pero además, gracias a una entrada del blog 120% Linux (a cargo de Rubén, a.k.a. outime), vengo a enterarme de que también es el cumpleaños del kernel de Linux, ya que un día como hoy pero del año 1994 se publicaba su primera versión: la 1.0.0
Así que hay muchos motivos para festejar este y los próximos 14 de marzo.
¡Felicidades a todos! Especialmente a Matu…
Actualización 15/03 11:49: también ayer se conmemoraba el día del número Pi, por la notación de la fecha en formato anglosajón, que es 3/14 (con el mes adelante del día). Y para hacer el efeméride un poco más matemático y geek todavía, un día como ayer pero del año 1879 nacía Albert Einstein.
Estos son algunos libros que compré y otros que recibí como regalo para fechas pasadas (cumpleaños, Navidad, etc.) y que van a llenar las horas de lectura del año que estamos a punto de comenzar:
Las dos guías de “El Señor de los Anillos” me las regalaron porque me gusta mucho la obra de Tolkien, me encantó leer los libros y trato de conseguir todo lo que esté relacionado con ellos y el universo de la novela. De más está decir que soy de los que quedaron más que conforme con la adaptación que hizo Peter Jackson de los libros para llevarlos al cine.
El libro de Phillip K. Dick (que fue el que inspiró la película Blade Runner, dirigida por Ridley Scott) lo terminé de leer la semana pasada, así que ya no cuenta como lectura para el año entrante. La verdad es que tenía muchas ganas de empezarlo y no me pude aguantar. Apenas lo tuve empecé con la lectura y, como no es una novela demasiado extensa, no me llevó mucho llegar hasta el final. Además, quería leerlo lo más rápido que pudiera para mirar (de una buena vez por todas) la película. Si, si… ya sé que es del año ’82, un clásico, ciberpunk y todo eso. Pero, aunque parezca mentira, todavía no había tenido la oportunidad de verla. Por suerte, esto quedó solucionado ayer por la noche. Así que ya haré algún comentario sobre mis impresiones en cuanto al libro y a la película.
De más está decir que hace poco le aclaré a todo aquél que quisiera hacerme algún regalo (por el motivo que fuera) que no desperdiciara tiempo ni dinero en otras cosas que no fueran libros, porque uno de los propósitos para este 2007 que ya está por largar es nutrir bastante mi humilde biblioteca.
Ah, y aprovechando la fecha…
¡Feliz comienzo de año para todos!
Esta mañana nos pasó algo bastante curioso. Salimos algo retrasados de casa y estábamos con los tiempos más que justos para llegar a destino. Así que, como éramos varios y viajábamos a lugares distintos pero no tan distantes (todos en el centro o macro centro de la ciudad), nos decidimos a tomar un taxi para acortar tiempos y dividir los gastos. No demoramos demasiado en conseguir uno, cosa bastante extraña en estos días en que escasean bastante y se debate el tema de otorgar nuevas chapas y habilitaciones.
La persona que nos tocó en suerte como conductor, chofer o como quieran llamarlo era un señor algo maduro y parecía bastante impaciente, no sólo por sus reacciones sino por la forma en la que manejaba. Hizo algunos comentarios (lo de siempre: el tránsito y bla, bla, bla) que nos hicieron pensar que no era del todo normal o que, en el mejor de los casos, estaba bastante abstraída en sus propios asuntos. Pero me inclino más por la primera opción. Lo que más nos asombró fue su forma de conducir: frenadas y aceleradas en seco; velocidades más altas de lo permitido (llegaba rápidamente a los 60 Km./h en calles donde la máxima permitida es de 40 Km./h, y peor todavía en las avenidas); bocinazos constantes, incluso a otros autos que estaban parados en un semáforo en rojo y en esquinas en las que ya le estaban dando paso. En fin, un bodrio total. Llegó un punto en el que pensé que el tipo se había robado el auto y se estaba escapando de vaya a saber quién.
Cuando llegamos a una avenida en la que amagó a subir todavía más la velocidad, y después de un par de frenadas más, alguien de los que viajábamos en el auto se animó por fin y le dijo lo necesario: “Esteeee.. ejem… disculpe, pero…” Y vino la crítica constructiva. Bien hecha, por supuesto. No se la tomó a mal en lo más mínimo. Por el contrario, tuvo una reacción bastante inesperada. Empezó a titubear y a pedir disculpas, explicando que lo hacía “porque todo el mundo maneja rápido por acá, sobre todo en las avenidas, y que si él no manejaba igual lo pasaban por encima”, etc, etc…
La cuestión es que a partir de ese momento bajó abruptamente la velocidad y apenas llegaba a los 15 o 20 Km./h, doblando muy suavemente y frenando como una seda. Los pasajeros nos miramos con asombro pero, como ya quedaba más bien poco para llegar a destino, decidimos no decirle nada más para no empeorar todavía más la cosa. Seguimos charlando como si nada hubiera pasado.
Todo el asunto me lleva a pensar en lo frágiles y deficientes que son los controles de tránsito en general, sobre todo en nuestra ciudad. Es cierto que en Rosario tenemos fama y tradición de manejar bastante mal. Pero cuando se llegan a ver casos como éste en los servicios públicos, un duda de la gente que realiza (o debería realizar) los controles, pruebas y exámenes a los que aspiran a manejar este tipo de vehículos. Aunque, teniendo en cuenta la forma en que se manejan muchos colectivos y taxis en la ciudad, dudo mucho de la existencia de estos controles y mucho más todavía de su periodicidad y auditoría permanente. Creo que debemos empezar por controlarlo nosotros mismos, los usuario, advirtiéndolo ante la menor transgresión. Y, sobre todo, dando el ejemplo cuando nos toca ponernos al volante.