La Torre de Londinium

Plantar un libro, escribir un hijo, tener un blog

No entiendo la posición generalizada de todo el mundo con respecto al nuevo proyecto de ley que pretende aumentar el IVA y aplicarle no sé cuántos impuestos a los denominados “bienes tecnológicos”, categoría dentro de la cual vendrían a caer todo tipo de dispositivos electrónicos incluyendo, a saber, teléfonos celulares, computadoras personales, monitores LCDs, cámaras, scanners, impresoras y similares.

Como ya se ha dicho en otras oportunidades “el árbol no nos deja ver el bosque”. Creo que se malinterpretan las verdaderas intenciones de nuestros queridos gobernantes que no pretenden más que nuestro propio bienestar.

A ver… si lo pensamos fríamente:

  • si los artículos electrónicos son más caros (mucho más caros) que en la actualidad, ya no tendríamos ese impulso descontrolado por querer cambiar la PC o desear desesperadamente ese LCD de 42″ para el que tan esmeradamente estábamos ahorrando hasta el último centavo. Dilema resuelto. Ya no se trata de ver cuánto más podemos ahorrar para llegar a comprar todo eso cuanto antes sea posible. Directamente se transforman en bienes inalcanzables y ya no hay discusión al respecto. Además, en una época de recesión y crisis internacional, qué mejor que dejar de hacer gastos superfluos en este tipo de nimiedades para invertirlos en cosas mucho más productivas, como pagarle nuestros impuestos a la AFIP que, a su vez, son retornados a toda la comunidad.
  • Si finalmente nuestro televisor dice basta y el tubo de rayos catódicos implota en un colapso que quedará marcado en nuestro recuerdo como una anécdota digna de ser contada a nuestros nietos; o si nuestra computadora personal queda tan desactualizada que para lo único que sirve es para generarnos nostalgia con el suave ronroneo de su cooler; ya no tendremos de qué preocuparnos. De hecho podríamos aprovechar mucho mejor el tiempo derrochado en la caja boba y en las inútiles sesiones ante el ordenador para dedicarlo a otras tareas mucho más fructíferas. Como, por ejemplo, participar en algún programa gubernamental para el desarrollo de industrias autóctonas.
  • Ni hablar del tremendo ahorro en electricidad que haremos en forma colectiva y del impacto ecológico que esto tendrá al reducirse drásticamente las emisiones de CO2. Con todo este dinero extra tendríamos más recursos para pagar otras cosas y no debería preocuparnos el hecho de recibir súbitamente una boleta del gas o de la luz con un aumento de hasta el 400%
  • Y, seguramente, vos me dirás que el proyecto no sólo genera sino que amplía la ya existente brecha digital. Pamplinas. Puras patrañas. Eso es porque sólo lo proyectás a corto plazo. Si lo pensás un poco mejor mejor, con el tiempo la brecha digital ya no sería un problema ni un tema de discusión. No existiría ninguna brecha porque ya no habría nada digital. ¿Qué mejor nivelación esperabas?
  • Ahora que vas a tener fútbol gratis vas a querer cuidar mucho tu actual TV. En caso de no tenerlo o de que seas tan descuidado que deje de funcionar, este proyecto está pensado para fomentar la sociabilidad y las reuniones colectivas. Qué mejor que un buen partido para congregar a los amigos y conocidos.

La única desventaja que le veo al proyecto es que deja de lado a las notebooks a las cuales, para proteger a la fuerte industria nacional que existe en este rubro, se decidió no aplicar el impuesto. Esto deja, claramente, una puerta abierta para la tentación y el despilfarro. Pero, seguramente, nuestros gobernantes no tardarán demasiado en resolvernos también este dilema.

25 años de democracia

Hoy celebramos 25 años de democracia ininterrumpida en la Argentina. El 10 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín asumía como presidente electo por la mayoría de los argentinos para terminar con 8 años de la peor dictadura militar que le tocó sufrir a los argentinos. Es, además, el período más largo de gobierno libre y democrático en nuestro país hasta el momento y esperemos que siga así por mucho tiempo. Esperamos que no haya que festejar otra vuelta a la democracia. Se le pueden hacer mil reproches a la democracia como sistema de gobierno, sobre todo en los países de latinoamérica en donde la autonomía, la libertad parecen estar sumidas a intereses externos. Yo era muy chico cuando Alfonsí juraba ante las cámaras en 1983, al asumir su mandato. Tengo un recuerdo muy lejano del momento que, seguramente, no se compara con la vivencia de los que sufrieron a flor de piel la represión y los efectos de un gobierno militar. Hoy en día la posibilidad de un golpe de estado parece remota y hasta imposible. Pero siempre es mejor tener memoria sobre ciertos hechos históricos que no queremos volver a sufrir como sociedad.

Cosas que seguramente no podríamos estar haciendo si no fuera en democracia:

  • Militar en el partido justicialista, radical, socialista, comunista, anarquista, anarco-social-comunista
  • Ir a la iglesia, al culto, a una mezquita (o no)
  • Preocuparme por lo mal que me va, por la poca plata que tengo en el bolsillo en vez de preocuparme por tener el DNI en el bolsillo
  • Hablar de política en la calle, en la radio, en un bar, en un blog, en dos o en todos los que quiera
  • Disfrutar de internet como canal de información libre y autárquico
  • Decir con todas las letras lo mal que lo están haciendo los gobernantes de turno y por qué mi plan de reactivación económica es el mejor de todos
  • Leer un libro o ver una película. Cualquiera que me venga en ganas y no solamente las de una lista.

Parecen cosas bastante básicas. Pero son esas las que más se extrañan cuando se pierden. Sin hacer apología de nada, creo que es mejor pasarla mal de esta manera que en manos de unos cuántos dictadores de turno.

Para tener en cuenta cada vez que a uno le corre un frío por las venas cuando escucha las típicas frases del tipo: “con los militares se estaba mejor”, “acá lo que nos hace falta es mano dura”, “los desaparecidos fueron mucho menos de 30.000″

Por una democracia más participativa en la Argentina

Argentina es el país que nos tocó. Si bien esto no fue una opción, es también el país que elegimos cuando decidimos quedarnos acá y no buscar un pasaporte para tomarnos el primer buque a mano. Es el país que elegimos día a día mediante la construcción personal que puede llevar a cabo cada uno de nosotros con su propio trabajo, su conducta, sus ideas y sus propuestas.

Tenemos lo que sembramos, como bien se dice. Y tenemos esto que es la Argentina que, por mucho que nos pese, es lo que construimos. ¿Es lo que somos capaces de construir? ¿Podemos, realmente, los argentinos como tales construir otra cosa que no sea esta Argentina, tan amada y cuestionada al mismo tiempo? Yo creo que sí, que es es muy difícil pero posible. Y lo que es posible pero requiere mucho de nosotros es, al fin y al cabo, lo mejor para todos. Porque saca lo mejor de cada uno y lo pone a disposición de los demás. El día (la generación, mejor dicho, porque no hay plazos cortos en esto) en que dejemos de pensar individualmente y formemos una verdadera comunidad, vamos a ver crecer el país que todos verdaderamente queremos para nosotro. Pero lo importante es quererlo para “nosotros”. Si lo quiero para mí solamente, no sirve. Lo quiero para todos y primero para ellos. Para el que tengo al lado. Porque sé que, en definitiva, el que tengo al lado lo quiere también para mí, para mi familia y para mis hijos. Así funcionan las sociedades, las verdaderas sociedades. Sin poner ejemplos, creo que es un concepto muy claro que todos llevamos muy adentro pero que nos cuesta afrontar porque sabemos que toda nuestro propio bagaje le juega en contra. Nosotros mismos le jugamos en contra.

La democracia que nos toca vivir hoy en día (a nivel mundial, no digo sólo en la Argentina) es algo muy particular. Solamente las sociedades que saben organizarse y canalizar su pensamiento colectivo de una forma razonable, pacífica y conjunta, logran sacarle el mayor provecho a la democracia como sistema. El poder de masa de una sociedad y de su pensamiento es algo muy difícil de ordenar (pero como dije antes, lo difícil en estos casos es lo realmente provechoso) pero el único medio con el que contamos para conseguir el país que nos merecemos y que buscamos. De esto hay demostraciones que no dejan lugar a dudas.

La democracia se sustenta en el debate y es al debate a donde debemos apuntar como sociedad. Los argentinos tenemos que aprender a debatir a nivel social, a nivel laboral, a nivel institucional. El debate entre la sociedad y sus gobernantes, sus instituciones, no es un sueño imposible. Lo mejor para nuestra democracia es que los verdaderos problemas que tenemos como sociedad lleguen al debate colectivo.

Por eso, leo y estoy totalmente de acuerdo: ¡Queremos debate antes de las elecciones! Eso es lo normal en un proceso político electoral democrático: que los postulantes contrasten sus ideas y sus propuestas para que nosotros, los electores, lleguemos a una decisión certera. El voto es nuestro poder (no lo llamo arma porque acá no se trata de guerras) y para usarlo efectivamente tenemos que conocer el ámbito en el que nos movemos. Por eso creo que, tomando como ejemplo los procesos electorales en otros tantos países (España y USA, por ejemplo), el debate entre candidatos es, no solamente la mejor manera de preparar nuestros votos sino una obligación política y social que tienen los candidatos y los gobiernos para con los ciudadanos. Yo apoyo plenamente el debate pre-electoral para la democracia Argentina. Algo que en otros países es, indiscutiblemente y de rigor, una etapa normal de todo proceso electoral y que llega de formas hasta hace poco impensadas: invade blogs; cuentas de Twitter, Facebook y MySpace; crea canales específicos en YouTube. Cuantos más medios se sumen al debate, mejor. A lo mejor todo esto nos queda un poco lejos (por ahora) pero andando se hace el camino. Empecemos por pedir que la Argentina tenga un debate público pre-electoran entre sus candidatos.

“Este es el mejor momento para pedirlo”

Cara de pocos amigos

La Primer Ministro Margaret Thatcher durante una conferencia del Partido Conservador

La Primer Ministro Margaret Thatcher durante una conferencia del Partido Conservador.
Foto de Chris Steele-Perkins, Inglaterra, 1985

Una de las 400 fotografías que integran el libro Magnum Magnum que acaba de publicarse con motivo sexagésimo aniversario de la agencia Magnum y resume la historia en imágenes de más de 60 fotógrafos de todo el mundo que alguna vez pasaron por esa agencia.
Y además resume la sensación que produce en muchos la figura de la Tatcher.

¿Más vale malo conocido?

A veces es bueno (y triste) hacer un poco de historia:

“Para el inicio del Proceso de Reorganización Nacional, la más sangrienta dictadura que sufrió la Argentina, la Triple A ya había sido desmantelada, y las acciones terroristas fueron llevadas a cabo en lo sucesivo por el propio gobierno.”

Son un par de líneas nada más, pero me pareció que pesaban muchísimo.

(textual de la Wikipedia)

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