(o “Es un juego extraño. El único movimiento ganador es no jugarlo”)

Más allá del título amarillista y salvando las distancias con cualquier situación político-económica actual, acabo de descubrir que hace apenas unos días (más precisamente el 3 de junio) se cumplían nada menos que 25 años del estreno cinematográfico de la película que por acá conocimos como “Juegos de Guerra” (WarGames). Es una de esas películas que marcan épocas, que quedan en la memoria de toda una generación a pesar de que alguien que la vea hoy en día y que no “peine tantas canas” descubra muchos anacronismos (que al fin y al cabo también se nos hacen patentes a nosotros mismos cuando volvemos a verla!), pero que indiscutiblemente y con los años se fue convirtiendo en un ícono, en una pieza casi de culto (bueno, a lo mejor sin el casi)
Cuando la vi era bastante más chico y me acuerdo que por aquellas épocas tenía mi primera computadora, una MSX de Talent. Y me parecía una maravilla y todo un logro haber podido dejar a un lado el dataset cuando lo reemplazamos por una disquetera externa (negra). No me quiero poner nostálgico ni nada parecido. Pero eran las épocas en las que se tenía que tipear ATDT y después ‘..’ para poder acceder a ARPAC o a ACAMática (no encontré nada de nada, pero era la red del ACA). Eran momentos de muchos baudios (como 2400), en los que uno trataba de montar su propio BBS en casa y leía y bajaba decenas de cosas de otros tantos BBS existentes. Nada que ver con… bueno, ahora bajamos todo por P2P y en vez de BBS tenemos blogs y Twitter. Pero al fin y al cabo, lo esencial no es muy distinto.
Algo que me pareció curiosísimo y de lo que no me enteré en su momento, es toda la movida y la reacción que se generó con el estreno de la película. Y pasa que los extremos son siempre cómicos en todas las épocas. En ese momento (1983) se abrió un gran debate sobre lo conveniente (o no) que era el hecho de que la gente pudiera acceder a servidores remotos a través de sus propias computadoras, usando sus propios módems y desde su propia casa. La posibilidad (no tan remota, al parecer) de acceder y hackear/crackear accidentalmente un sistema bancario o gubernamental remoto asustaba a muchos padres, que veían en los módems y en sus hijos una combinación explosiva. Se llegó a debatir en los medios si acaso la posesión de estos dispositivos de comunicación de datos no debería estar regulada y supervisada como en el caso de las armas de fuego. Algo así como “prohibido su uso a menores de 18 años”. Una idea rarísima de que cualquiera podía entrar a cualquier lado sin demasiadas complicaciones y modificar los datos de su cuenta bancaria o las calificaciones escolares. En la entrada WARGAMES and the Great Hacking Scare of 1983 (en inglés) hay más información sobre todo esta polémica y algunos otros datos interesantes.
Hoy en día, muchos aspectos de nuestra vida cotidiana se mueven en una telaraña de máquinas interconectadas de forma inimaginable. Desde un continente a otra y dando toda la vuelta al mundo, nos llega un mensaje con un enlace a una foto o a un video. Pagamos y comerciamos usando nuestra cuenta bancaria a través de internet. Publicamos álbumes familiares completos y los compartimos con parientes y amigos. Guardamos pilas y pilas de mensajes, mails y documentos en servicios alojados en servidores remotos. Y es así, la nube se va expandiendo cada vez más rápido y a veces ni siquiera nos damos cuenta de cuál es el alcance que tiene y la dependencia que nos genera. ¿Habrá soñado con algo de todo esto Matthew Broderick cuando sacaba su disco de 5 1/4 para cargarlo en su computadora?
Yapa: algunas curiosidades de la película y su rodaje.
¿Vieron alguna vez ese episodio de La Isla de Gilligan donde casi logran salir de la isla, y entonces Gilligan lo arruina todo y no pueden salir? Yo lo vi. Lo vi muchas veces cuando estaba creciendo. Y cada media hora que lo vi era una media hora en la que no estaba escribiendo en mi blog, o editando en la Wikipedia o contribuyendo a una lista de correo. Ahora bien, tengo una buena excusa para no haber hecho esas cosas, y es que ninguna de ellas existían en ese tiempo. Estaba forzado en el canal de medios de esa manera porque era la única opción. Ahora no, y esa es la gran sorpresa. Sin embargo, con lo malo que es estar sentado pretendiendo ser un elfo, les puedo decir, por experiencia personal , que es peor estar sentado tratando de decidir si es Ginger es más linda que Mary Ann.
Este es un pequeño extracto de la transcripción de una charla dada por Clay Shirkyon en la conferencia Web 2.0. Llegué al texto completo no sé muy bien de qué manera (supongo que cliqueando desaforadamente, como es mi costumbre) y me pareció simplemente genial todo el contenido.
Es un texto un poco largo, pero deja muy en claro cuál es el fenómeno social que se está viviendo últimamente en la web: superávit social y cognitivo (término que descubrí en esa misma nota), medios y aplicaciones sociales, comunidades online y bolgging.
No se trata de cambiar drásticamente de hábitos ni de que “internet killed the TV star”, ni nada parecido. Todo lo contrario, con un simple cambio de perspectiva y de prioridades, dedicando un mínimo de tiempo a la creación dentro de esta cultura colectiva, el resultado puede ser abrumador a nivel global. Incluso teniendo en cuenta que, generalmente, las personas que producen contenido son un porcentaje ínfimo del total que participa.
Y también me pareció genial y muy cierto lo que se menciona sobre la actitud de “buscar el mouse“ que, si bien está planteada como un caso anecdótico, no deja de ser una metáfora muy fuerte y significativa. Si hay algo que nos va quedando claro con toda esta “revolución” es que todo medio que no nos ofrezca un determinado mínimo de inclusión y participación deja de ser interesante en estos tiempos que corren, en los que los cambios sociales a nivel de comunicación y manejo de la información a escala colectiva pueden traer consecuencias muy profundas de acá a unos pocos años. Y seguramente lo harán de maneras que hoy casi ni nos planteamos.
Bue… después de varias idas y venidas y cambios de configuración ya está todo casi igual que antes. El dolor de cabeza vino cuando hubo que integrar una Mac al entorno de red para que compartiera todos los recursos y servicios. Y después de eso con las configuración de la VPN para poder trabajar en red con el servidor remoto sin tener que andar haciendo FTP todo el tiempo para publicar los contenidos. Como las actualizaciones son más que periódicas y constantes, es mucho más cómodo tener más a mano los recursos del servidor. Gracias a Dios está todo funcionando. Esperemos que siga así