21 dic
Escrito por Caralimón
Categorías: efemérides
Antes que nada quiero aclarar que con respecto al fútbol soy lo menos. En teoría soy hincha de Rosario Central, pero nada más que por cuestiones inerciales y de tradición. Estoy muy lejos de lo que se dice un fanático canalla (así es como llaman en nuestra ciudad a los hinchas de Central). Con suerte llego a la categoría de simple simpatizante. De más está decir que ignoro completamente formaciones, fechas, campeonatos y demás.
Aclarado esto, sigo con el comentario que motiva el post. Y para rematar un día de efemérides (algunos tardíos), quería recordar que también un día como ayer, 19 de diciembre, pero del año 1971, Aldo Pedro Poy convertía un gol de palomita que le conseguía a Rosario Central el triunfo en semifinales sobre su rival de toda la vida, Newel’s Old Boys, por una diferencia de 1 a 0. Con esta victoria en el Estadio Monumental, el equipo auriazul clasificó para jugar la final del torneo argentino, donde se consagraría campeón por primera vez en su historia.
Este es el motivo por el cual el gol quedaría grabado a fuego en la historia y, sobre todo, en la memoria de todos los canallas. Tanto es así que todos los años los hinchas vuelven a reunirse para recordar aquel triunfo, con la presencia del mismo Poy que vuelve a dramatizar la asaña para el aullido de todos los presentes. Por supuesto que en festejo tampoco faltan la cena, el agasajo y el espectáculo con invitados especiales.
Es por todo esto que tan memorable gol se ha transformado en el más festejado de toda la historia del fútbol a nivel mundial. Y así lo demuestra el hecho de que haya ingresado recientemente al Libro Guinness de los Récords por su recurrente celebración anual. Más información en esta nota de InfoBAE.
Con esta frase pasó a la historia Claudio “Pocho” Lepratti, un uruguayo que había venido hasta Rosario y desde hacía tiempo realizaba trabajo social de alfabetización en sectores carenciados de la ciudad, como barrio Ludueña y barrio Las Flores. Precisamente subido a la terraza de la Escuela Nº 756 del Barrio Las Flores, un 19 de diciembre del año 2001, gritaba a viva voz, para advertirles a los patrulleros que estaban abajo, que todavía quedaban chicos en el interior del comedor. Un disparo de Esteban Velásquez, agente del Comando Radioeléctrico, lo alcanzó y lo convirtió así en mártir, en otro ícono y víctima de la lucha social en nuestro país.
Creo que todos los argentinos vamos a recordar por muchos años aquel mes de diciembre de 2001. La revuelta social (más allá de las especulaciones y los análisis), que se manifestó en violentas movilizaciones y protestas, llegando incluso al saqueos de locales comerciales en todo el país, fue el catalizador para que el entonces presidente de la nación, Fernando De La Rúa, dimitiera de su cargo, dejando así abiertas las puertas de la incertidumbre ante un clima social y político bastante incierto e inestable. Después vinieron el desfile de presidentes provisionales, la devaluación del peso argentino, el estado de default y el corralito. La vuelta de personajes nefastos que ya no pensábamos volver a ver. Los análisis políticos y las elucubraciones sobre manipulación de las masas e intereses ocultos al ciudadano común. Pero de lo que no se puede dudar es de las víctimas fatales. Víctimas que llegaron a ser 7 en nuestra ciudad: Graciela Acosta, Walter Campos, Juan Delgado, Yanina García, Rubén Pereyra, Ricardo Villalba y Claudio “Pocho” Lepratti
De esto hizo ayer 5 años. Otros 5 que pasaron sin que viéramos mayor justicia que el encarcelamiento del agente que apretó el gatillo. Es por eso que alrededor de 500 personas se reunieron en la plaza 25 de Mayo, a pesar de la lluvia y el mal tiempo, tal como lo vienen haciendo anualmente desde el 2001, para que la memoria no se canse y para seguir pidiendo justicia. Una justicia que parece demorarse mucho más de la cuenta. Que pide nombres propios y penas concretas para los personajes de turno en aquel momento.
El diario El Ciudadano publicó una nota que resume un poco algunos aspectos importantes de la movilización.
Mientras tanto, seguimos recordando año a año y por todos los medios a nuestro alcance aquel diciembre negro. Y la iniciativa ciudadana ha rebautizado un tramo de la calle Pte. Roca, que en sus esquinas de la zona centro lleva cartelitos con el nombre de Pocho Lepratti.
Esta mañana nos pasó algo bastante curioso. Salimos algo retrasados de casa y estábamos con los tiempos más que justos para llegar a destino. Así que, como éramos varios y viajábamos a lugares distintos pero no tan distantes (todos en el centro o macro centro de la ciudad), nos decidimos a tomar un taxi para acortar tiempos y dividir los gastos. No demoramos demasiado en conseguir uno, cosa bastante extraña en estos días en que escasean bastante y se debate el tema de otorgar nuevas chapas y habilitaciones.
La persona que nos tocó en suerte como conductor, chofer o como quieran llamarlo era un señor algo maduro y parecía bastante impaciente, no sólo por sus reacciones sino por la forma en la que manejaba. Hizo algunos comentarios (lo de siempre: el tránsito y bla, bla, bla) que nos hicieron pensar que no era del todo normal o que, en el mejor de los casos, estaba bastante abstraída en sus propios asuntos. Pero me inclino más por la primera opción. Lo que más nos asombró fue su forma de conducir: frenadas y aceleradas en seco; velocidades más altas de lo permitido (llegaba rápidamente a los 60 Km./h en calles donde la máxima permitida es de 40 Km./h, y peor todavía en las avenidas); bocinazos constantes, incluso a otros autos que estaban parados en un semáforo en rojo y en esquinas en las que ya le estaban dando paso. En fin, un bodrio total. Llegó un punto en el que pensé que el tipo se había robado el auto y se estaba escapando de vaya a saber quién.
Cuando llegamos a una avenida en la que amagó a subir todavía más la velocidad, y después de un par de frenadas más, alguien de los que viajábamos en el auto se animó por fin y le dijo lo necesario: “Esteeee.. ejem… disculpe, pero…” Y vino la crítica constructiva. Bien hecha, por supuesto. No se la tomó a mal en lo más mínimo. Por el contrario, tuvo una reacción bastante inesperada. Empezó a titubear y a pedir disculpas, explicando que lo hacía “porque todo el mundo maneja rápido por acá, sobre todo en las avenidas, y que si él no manejaba igual lo pasaban por encima”, etc, etc…
La cuestión es que a partir de ese momento bajó abruptamente la velocidad y apenas llegaba a los 15 o 20 Km./h, doblando muy suavemente y frenando como una seda. Los pasajeros nos miramos con asombro pero, como ya quedaba más bien poco para llegar a destino, decidimos no decirle nada más para no empeorar todavía más la cosa. Seguimos charlando como si nada hubiera pasado.
Todo el asunto me lleva a pensar en lo frágiles y deficientes que son los controles de tránsito en general, sobre todo en nuestra ciudad. Es cierto que en Rosario tenemos fama y tradición de manejar bastante mal. Pero cuando se llegan a ver casos como éste en los servicios públicos, un duda de la gente que realiza (o debería realizar) los controles, pruebas y exámenes a los que aspiran a manejar este tipo de vehículos. Aunque, teniendo en cuenta la forma en que se manejan muchos colectivos y taxis en la ciudad, dudo mucho de la existencia de estos controles y mucho más todavía de su periodicidad y auditoría permanente. Creo que debemos empezar por controlarlo nosotros mismos, los usuario, advirtiéndolo ante la menor transgresión. Y, sobre todo, dando el ejemplo cuando nos toca ponernos al volante.
Estos son algunos videos que pude encontrar en YouTube de la tormenta de granizo que vivimos en nuestra ciudad hace unas dos semanas. Al primero tiene algo de edición posterior. El segundo es la filmación que alguien hizo en pleno temporal:
Este es un buen ejemplo de lo que se consigue con los nuevos medios digitales a los que podemos acceder (celulares con cámara fotográfica, cámaras de video handy, cámaras digitales… Cámaras y más cámaras por todas partes) y de los nuevos medios de difusión colaborativos (los blogs por excelencia) que facilitan la “crónica ciudadana”.
Había leído algo sobre este sitio español hace un tiempo, pero no en ese momento no le dí mayor importancia. Es un mash-up español que, para definirlo de alguna manera, es la cruza perfecta entre Flickr y Google Maps. Es un catálogo social de fotos que agrega, además, la posibilidad de localizar geográficamente las fotos que se envían usando el motor de Google. Y la verdad es que está excelentemente logrado. Implementado completamente en AJAX, han creado una interfaz muy amigable y simple para el usuario que funciona perfectamente.
Hoy, revisando y ordenando los últimos ingresos en mi colección de fotos digitales, descubrí una del puente Rosario-Victoria que me hizo pensar automáticamente en este sitio. Están organizando un concurso de fotografía geolocalizada que consiste en subir imágenes que pueden verse claramente desde Google Maps (monumentos, grandes estructuras, parques, edificios, etc.) para tener una perspectiva de cómo se ven esos lugares desde el punto de vista del espectador.
La imagen que subí no es el mejor ejemplo porque, en realidad, no la tomé con la idea de que la visión del puente fuera clara (de hecho está muy alejado) ni mucho menos con la intensión de que participara de un concurso. Simplemente era el fondo del entorno natural en ese momento, en el Parque España. Pero igualmente la subí porque me gustó la idea y para curiosear un poco el sitio.